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El Diluvio cumplió 75 años en 1933 con sus ideales republicanos hechos realidad

Gil Toll

El Diluvio cumplió sus 75 años en 1933 con el régimen republicano instalado en España y la autonomía funcionando en Cataluña, tal como había reclamado en los últimos años.

Por aquellas fechas, El Diluvio era el líder de la prensa republicana en Barcelona. Los datos de difusión de la época le otorgan una circulación de entre 50 y 150 mil ejemplares, muy por delante del resto de periódicos que se identificaban con la democracia y la República.

En el folleto que se editó para celebrar el aniversario se recuerda que la iniciativa de fundar el periódico a mitades del siglo XIX fue de un grupo de hombres con ansias de libertad que creían necesario que Barcelona dispusiera de un diario capaz de reflejar las necesidades populares. Entre ellos, Ferran Patxot, el fundador, y su inmediato sucesor, Manuel de Lasarte Rodríguez Cardoso.

La primera cabecera del periódico fue El Telégrafo, pero las tribulaciones judiciales que vivió el rotativo movieron a continuos cambios de nombre como forma de eludir las suspensiones judiciales. El Principado, La Imprenta, Crónica de Cataluña o El Látigo fueron algunos de los nombres utilizados.

La cabecera definitiva surgió en una de esas peripecias judiciales. La enésima suspensión del periódico había llegado en 1879 tras una fuerte campaña del periódico contra el impuesto municipal al consumo de gas. El fiscal Mariano de la Cortina formó la causa contra el periódico y los editores propusieron jocosamente rebautizarlo con el nombre de La Cortina. A ello respondió el funcionario judicial Pérez Cossío exclamando “se armará El Diluvio”, lo que fue tomado al pie de la letra por los representantes periodísticos.

En 1933, El Diluvio era una próspera empresa familiar con sede en la calle Consell de de Cent 345, donde poseía un edificio que albergaba la imprenta, la redacción y la vivienda de los propietarios.

El año anterior había incorporado una rotativa capaz de imprimir 60.000 ejemplares de 32 páginas en una hora. A lo largo del día se imprimían varias ediciones del periódico.

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La redacción de El Diluvio acogió a centenares de periodistas a lo largo de sus 8 décadas de historia, muchos con destacadas trayectorias periodísticas y en algunos casos como activistas sociales y políticos.

Jaime Claramunt fue el director de El Diluvio entre 1916 y 1938, aunque su entrada en la redacción se había producido poco antes del inicio de siglo. Claramunt había nacido en Cuba y llegó a Barcelona para estudiar leyes. La efervescencia política y social de la Barcelona del cambio de siglo impregnó la personalidad del joven Claramunt, que desde entonces mantuvo esas inquietudes en el ejercicio profesional.

Frederic Pujulà fue el último redactor jefe, hombre de confianza de Jaime Claramunt. Pujulà era una figura mutifacética, autor de diversas novelas y obras de teatro, también se interesó en la ciencia y el arte, formando parte del círculo de relaciones de Pablo Picasso o Santiago Rusiñol.

Eduardo Sanjuán fue otra de las figuras destacadas de la redacción. Abogado entregado a las causas sociales, destacó su campaña a favor de una familia de Benagalbón, en Málaga, encarcelada largos años de forma injusta y que fue liberada tras una campaña de artículos de denuncia publicados en El Diluvio.

También tenía formación de jurista Angel Samblancat. Originario de Graus, fue seguidor de regeneracionismo de Joaquín Costa y evolucionó hacia posiciones cercanas al anarquismo. Durante la guerra civil formó parte de los tribunales populares junto a Sanjuán y ambos se exiliaron al finalizar el conflicto.

Regina Lamo y Regina Opisso fueron las dos redactoras más destacadas de la historia de El Diluvio. Lamo mantenía una fuerte actividad como líder feminista y activista social. Acompañó a Lluís Companys en la creación del sindicato agrario Unió de Rabassaires. Regina Opisso pertenecía a una familia de escritores y artistas. De hecho, su hermano Ricard Opisso ilustró frecuentemente las portadas del Almanaque del periódico.

Andreu Nin se inició en el periodismo en El Diluvio y más tarde pasó a la política liderando el POUM hasta que fue asesinado por los comunistas en plena guerra civil. Claudi Ametlla, militante de Acció Republicana y Gobernador Civil de Girona durante la República también pasó por El Diluvio, como lo hizo el también abogado Francisco Aldaz.

En las páginas del periódico se publicaron artículos de plumas como la de Valle Inclán o Azorín y sirvió de tribuna política para Valentí Almirall y Lluís Companys, entre otros.

Esta poderosa organización se mantuvo activa durante los años de la guerra civil y sólo en 1938 llegó la intervención del gobierno de Juan Negrín, que impuso como director a Jesús Huerta, un militante de la UGT del País Vasco.

La entrada de los franquistas en Barcelona se saldó con el asalto al periódico por turbas descontroladas. El editor, Manuel de Lasarte, fue encarcelado y murió en la cárcel Modelo al cabo de tres meses víctima de una afección renal. Sus hijos Joan y Josep permanecieron en prisión junto al jefe de redacción, Frederic Pujulà. El director, Jaime Claramunt, y la mayoría de la redacción tomaron la dirección del exilio, del que ya no volverían.

El Diluvio portada

http://edicionescarena.com/ecomm/libro/el-diluvio-claramunt-y-pujula.aspx

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