Artículo histórico

Derecho y vida real: ni gobierno ni oposición

por “Juan Ruiz”

¿Cómo atacar el tema del gobierno español, aquí y ahora? Cualquier afirmación de las que corrientemente nos llegan puede dar base a un comentario extenso. La razón es que todas las afirmaciones parten de una suposición: la de que no existe un Gobierno, entendiendo por tal el órgano colegiado encargado del Poder ejecutivo.

Sólo existe Gobierno allí donde existe responsabilidad política ante órganos representativos de la población del país, y donde esa responsabilidad política puede ser exigida a su jefe, como cabeza y base del Gobierno, entrañando la desconfianza o la censura la caída de todo el equipo gubernamental. No hay Gobierno, en cambio, en el sentido técnico antedicho, allí donde éste no es responsable ante una Asamblea representativa (regímenes presidencialistas, monarquías limitadas del tipo de la española de 1812, monarquías absolutas, dictaduras). No se puede hablar de Gobierno en EE.UU ni del color de su Gobierno. El Presidente nombra a sus secretarios, quienes no son responsables antes las Cámaras y pueden ser simples amigos suyos y no pertenecer a ninguna “fuerza” política. No hubo Gobierno bajo las Constituciones españolas de 1812 y 1834, porque los ministros eran simples secretarios de despacho del Rey, en quien residía el Poder ejecutivo. Y finalmente, en la España actual el Jefe del Estado detenta no sólo la plenitud del Poder ejecutivo recuérdese que incluso están constitucionalmente vinculadas a la Jefatura del Estado y la Presidencia del Gobierno, sino también la del Poder legislativo. Los ministros son secretarios del Jefe del Estado y los poderes que ejercen facultades delegadas, y un acuerdo del Consejo de Ministros no es más que un acuerdo del Jefe del Estado- Jefe de Gobierno, quien puede adoptarlo en una reunión con los ministros, secretarios o adoptarlo enteramente solo, puesto que, desde hace más de treinta años, hay dos leyes más fundamentales que las demás: las de 30 de enero de 1938 y 8 de agosto de 1939, cuya vigencia ha sido reiterada en la L.O.E. El hecho de que se emplee en España la terminología de los países parlamentarios no quiere decir que la realidad de nuestro ordenamiento jurídico-político tenga algo que ver con ellos.

No hay colores

Si no hay Gobierno, en el sentido estricto, técnico y real de la palabra, arriba descrita, todo lo que se predique sobre él resultará en clara contradicción con nuestra legislación fundamental y con la misma realidad. Así, hablar de Gobierno pluricolor o monocolor, de Gobierno homogéneo o de Gobierno de concentración. Los Gobiernos homogéneos o de concentración se dan en función de mayorías parlamentarias. Donde esas mayorías no cuentan para el nombramiento de los ministros (Estados Unidos, por ejemplo), a nadie se le ocurre hablar de colores ni de homogeneidades. Importa, en los regímenes presidencialistas, que los auxiliares del Presidente sean buenos auxiliares (aunque allá se las arregle el Presidente) pero no importa nada lo demás. Y si eso ocurre en los Estados Unidos, donde el Presidente es electivo y no goza del Poder legislativo, no es de extrañar que también ocurra en España, donde el Jefe del Estado no es electivo y goza de la plenitud de los Poderes ejecutivo y legislativo. Para cualquier persona,sensata, la historia de los colores, que tanto maneja nuestra Prensa, resulta alucinante. Los ministros o secretarios del Jefe del Estado no tienen color en España. ¿Qué más da el color que se les atribuya? Lo que importa son las decisiones del Jefe del Estado Caudillo, cuyos Gobiernos son siempre homogéneos porque están bajo las fundamentalísimas leyes de 30 de enero de 1938 y 8 de agosto de 1939, leyes que no establecen más gobierno que el del propio Jefe de Estado.

La oposición

Lo dicho para el Gobierno sirve también para la oposición. El Presidente Nixon no tiene tampoco oposición en el Gobierno. Si su partido está en minoría en las Cámaras, como lo está ahora, Nixon no deja de ser Presidente. La palabra oposición es aplicable en Estados Unidos a nivel de Cámaras legislativas, donde el partido mayoritario, que puede no ser el mismo en las dos Cámaras, se enfrentan, en el ejercicio del Poder legislativo, con la oposición del partido minoritario. En España no puede hablarse de oposición a nivel de Gobierno, entendido como Poder ejecutivo, ni de oposición a nivel de Cámaras legislativas, porque están prohibidos los partidos políticos y porque la Cámara no goza de la plenitud del Poder legislativo. (Preámbulo de la ley de Cortes y Disposición Transitoria de la Ley Orgánica del Estado.) Por todo ello, y que nos perdone nuestro buen amigo y compañero Amando de Miguel, las clasificaciones de la oposición nos hacen abrir ojos como platos y dudar del siglo en que vivimos y del país en que nos hallamos.

Lo dicho anteriormente no quiere significar que no sea muy importante ser ministro en España. Lo es por las siguientes razones: 1) El Jefe del Estado, quien nombra a los ministros sin sujetarse a norma alguna, no es electivo; 2) Los ministros no son responsables ante la Cámara Legislativa; 3) No existe oficialmente la oposición política; 4) No hay cauces tampoco -para una auténtica oposición individual a través de los medios de comunicación de masas.

Como el Jefe del Estado no puede ocuparse de todo y sus secretarios carecen de oposición y de responsabilidad política salvo ante el propio Jefe del Estado, su situación resulta temporalmente envidiables. Obsérvese, inicialmente, que en los regímenes de partido único la posición de los ministros es más incómoda porque están sujetos a la, con frecuencia subterránea, crítica del propio partido.

Vida real

Ya sabemos que se nos objetará que lo que acaba de decirse no corresponde a la realidad. Que una cosa es el Derecho Político y sus categorías y otra la auténtica vida real. Dejando aparte la frecuente identificación en nuestro país del realismo con la ignorancia, a nuestro modesto juicio las cosas son así en cuanto al Jefe del Estado y sus ministros; y no hay tampoco oposición cuando quien disiente carece de vías para organizar eficazmente su oposición y, por lo tanto, no la organiza. Finalmente, nos parece que, para determinar la actitud política de una persona, es más importante la aceptación de principios tan contundentes como los más arriba señalados que las lucubraciones que esa persona pueda hacer entre sus amigos.

Al final de esta tirada, los colores le han subido a “Juan Ruiz” a la cara”. Tanta provocación le ha forzado a lo que no quería: a explicar los rudimentos del Derecho Constitucional a nivel de Educación General Básica.

http://www.diariomadrid.net

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