Comentario

Diario Madrid, razones de un compromiso


José-Vicente de Juan*

Apenas diez días después de la incautación de Heraldo de Madrid por los falangistas, el periodista Juan Pujol, uno de los depositarios de la confianza del General Franco y de su equipo de Propaganda a quien se le entregaron el edificio de la calle Marqués de Cubas, sus instalaciones y maquinaria, sacaba a la luz un nuevo periódico, también vespertino, el Diario Madrid. Era el 8 de abril de 1939, Sábado Santo. Uno ligeros retoques en el rudimentario diseño y el cambio de cabecera y redactores habían hecho posible tan fulgurante transformismo. Un medio más al servicio del que iba a ser nuevo Régimen.

Ese Diario Madrid, que con los beneficios obtenidos construyó después el “escorialito” de la calla General Pardiñas esquina a Maldonado ―volado el 24 de abril de 1973―, para su nueva sede, fue un diario madrileñista y popular, dotado de buenas firmas y con las características de un vespertino. Adicto al Régimen ―en línea con el resto de los diarios de la época―, se mantuvo hasta el año 1966. Habían pasado veintisiete años desde la incautación. En aquel momento, y tras complejas negociaciones, un nuevo grupo de accionistas compra la mayoría del capital a Juan Pujol y comienza la etapa más relevante y conocida del Madrid.

Esos nuevos accionistas, algunos históricos representantes del franquismo, el falangismo y el Opus Dei, entienden que ha llegado el momento ―la desaparición de Franco podía estar cerca― de salir de la órbita regular del Régimen y reenfocar el futuro. En representación de ellos, Rafael Calvo Serer, como Presidente del Consejo y Antonio Fontán como Director, con el apoyo de nuevas incorporaciones de jóvenes periodistas a la redacción y un nutrido grupo de colaboradores, en sólo cinco años, hasta noviembre de 1971, dan un cambio fundamental al diario, en la búsqueda de un periodismo cívico, que acomete cuestiones relevantes en política, educación, relaciones laborales, cultura y sociedad. El Madrid se convierte en escenario anticipado de lo que unos años después consiguió la sociedad española con la transición a la democracia. El periódico, en esos breves cinco años que se conocen como “el Madrid independiente”, pidió la apertura política y social, defendió la independencia de los periodistas, el respeto a la libertad de expresión, el pluralismo, los partidos políticos, los auténticos sindicatos, las libertades públicas… la democracia.
En este compromiso la empresa contó con la colaboración de gran parte de sus nuevos redactores, colaboradores, obreros y empleados. Miguel Ángel Aguilar, Redactor Jefe del periódico, escribió para la publicación “Diario Madrid: de la independencia a la libertad”, editada dentro de los actos conmemorativos de “Madrid Capital Europea de la Cultura” (1992): “… los trabajadores, los peones, los linotipistas, los ajustadores, los oficiales de la rotativa, los conserjes, los administrativos, los redactores…, sin más patrimonio que su trabajo y sin otra línea de retirada para la subsistencia, no aceptaron las componendas que una y otra vez se les brindaron. Transgredieron la ley de la gravitación laboral, según la cual el puesto de trabajo se antepone a todo lo demás…”. Lo que equivale a decir que se mantuvieron leales al espíritu del Madrid.

La tolerancia cero del Régimen fue implacable y llevó al cierre del periódico: La “Orden de cierre al Diario Madrid” y el “Adiós” de su director Antonio Fontán en primera página, fueron la última portada del diario el jueves 25 de noviembre de 1971. Treinta y dos años después de la incautación de el Heraldo, el mismo Régimen dictatorial cerraba el Madrid, bajo el pretexto de una arbitraria sanción administrativa, que años después ―demasiado tarde para la reaparición― el Tribunal Supremo condenó y desautorizó.

Hoy, pasados cuarenta y dos años, la Fundación Diario Madrid, en su sede madrileña de la calle Larra 14 y en el mismo edificio modernista en que nacieron los diarios El Sol (1917) y La Voz, ha tomado el relevo del espíritu del Madrid y bajo los principios, el prestigio y la dignidad de aquel periódico, desarrolla una intensa labor en defensa del mejor periodismo. A sus actividades culturales, suma el Premio Diario Madrid de Periodismo, que este año alcanza su XIII edición, y que cuenta en su nómina de premiados, entre otros, con Mario Vargas Llosa, Hugh Thomas, Francisco Pinto Balsemão, José María Ridao o, el último, Rafael Jorba.

La inquietud por la realidad política española y el ánimo de colaborar en la búsqueda de la racionalidad y los ámbitos de encuentro han inspirado, en colaboración con la Asociación de Periodistas Europeos, la organización alternativa, en la sede de la Fundación en Madrid y en el Col•legi de periodistes de Barcelona, el Ciclo de Diálogos “España plural; Cataluña plural”, que trabaja ya en su quinta edición y en la que han participado hasta ahora: José Álvarez Junco, Joaquim Coll, Francisco Rubio Llorente, Manuel Cruz, Miquel Roca, Miguel Herrero de Miñón, Carlos Solchaga y Guillem López Casasnovas; con la moderación de Miguel Ángel Aguilar, Rafael Jorba, Ángels Barceló y Andreu Missé, que vienen contando con una notable aceptación y reconocimiento.

Recordar este 75 Aniversario de la “ausencia” del Heraldo, colaborar y participar en el reconocimiento público que se plasma en estás páginas, es de obligado cumplimiento para esta casa que, de “aquella manera” tuvo su origen en aquel histórico referente.

*Presidente de la Sociedad de Redactores del Madrid
Director de la Fundación Diario Madrid

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