Vuelta a Europa

De Castilla al Mar

Manuel Chaves Nogales

La aviación ha empequeñecido el mundo. Y ha transformado radicalmente el sentido que de él teníamos. La Tierra, hasta que los aviones empezaron a surcarla, no tenía la medida de lo humano. Era demasiado grande para nosotros, que de hecho habíamos de sentirnos en ella como ratoncillos perdidos en una sala de un inmenso palacio. Hoy hemos tomado posesión de ella y ya podemos poner en nuestras tarjetas de visita “Fulano de Tal, habitante del planeta Tierra”. Esto es lo que nos faltaba, tomar posesión auténticamente.

El hombre civilizado no estaba tranquilo y satisfecho mientras no le fuese posible recorrer íntegramente su dominio; pero sin riesgos ni heroísmo y en poco tiempo. Era necesario saltar de uno a otro continente con la misma sencillez con que pasamos de una habitación a otra de nuestra casa.

Ya sé que no es ésta una necesidad cotidiana. Para vivir bastan unos metros cuadrados de tierra; pero éste era un problema previo de soberanía. El emperador no conoce seguramente sus estados, y ni siquiera lo salones de su palacio; le basta con un cuartito donde tiene una cama, una mesita y un rayo de sol. La vida material no exige más. Pero para sentirse emperador, para serlo, ha de satisfacer esta necesidad espiritual de tener bajo su planta sus Estados; de poderlos medir por su pie.

Esto es lo que, gracias a los aviones comerciales, hace hoy el hombre en su planeta.

La aviación comercial en España

España dispone hoy de varias lineas de aviación comercial en correspondencia con las grandes aeronáuticas de Europa, y principalmente de Alemania, líneas que permiten partir cómodamente de Madrid hacia todos los caminos del mundo. La casa Junkers nos lleva en tres horas desde Madrid a Lisboa, donde los aviones comerciales se quedan al borde del Atlántico, piafando ya impacientes por saltarlo; van también los Junkers por Andalucía, camino de África, donde la compañía Loring lleva diariamente en sus aparatitos un poco de espíritu español. La compañía Iberia ensaya en estos días el salto regular a Canarias. Y la Deustche Luft-Hansa hace llegar a Barcelona y Madrid estos aviones, que parten de Estocolmo, Moscú o Constantinopla.

Avión 1

Y en uno de estos pajarracos metálicos, que cruzan el continente en unas horas, me he metido esta mañana para dar la vuelta a Europa en unas cuantas Etapas, con mi estuche de aseo, unas camisas, un pyjama y unos libros. Los quince quilos de equipaje reglamentario. No se necesita más.

Todos los penosos esfuerzos de la humanidad han sido para esto. Para que yo ahora, sencillamente, sin ninguna molestia ni heroicidad, me acomode en un butacón de esta confortable cabina, encienda un cigarrillo y salga a dar una vuelta por el mundo.

Nuevo descubrimiento del estanque del retiro

Hasta ahora las ciudades se construían para ser vistas de lado. De aquí en adelante habrá que pensar en las exigencias de una perspectiva vertical. Yo confío en que dentro de unos años las comisiones municipales de ornato público decretarán la demolición de barriadas enteras que hoy nos parecen bien vistas desde un mismo plano; pero que serán feas, vistas desde arriba.

Madrid es feo; está demasiado poblado. Este millón de manchegos apelotonados en la llanura da una impresión poco grata. Todavía los barrios modernos, con sus festones de verdura y sus terrazas, son tolerables; pero el viejo Madrid de los barrios bajos, visto desde arriba, es una monstruosidad. Así son casi todas las ciudades. Lo único perfectamente estético y habitable que hay en ellas es el cementerio. Desde arriba se ve enseguida que los muertos viven mejor que los vivos.

En Madrid solo hay dos o tres cosas gratas a vista de pájaro: la Castellana, el Palacio Real, algunos trozos del barrio de Salamanca, las plazas de toros, la ciudad lineal y el estanque del Retiro. ¡Qué bien hace con sus aguas intensamente verdes, encuadradas por las líneas blancas del monumento que lo cobija, en medio de esta paramera y rodeado de estos tejados rojos de Castilla, como coágulos de sangre! No vale tomarlo a broma, es el auténtico mar de Madrid. Sólo por él tiene Madrid un poco de gracia.

¡Esta horrible paramera!

Madrid es un milagro. No se comprende cómo ha surgido en medio de esta horrible paramera. La vista se cansa y el espíritu se fatiga al revolotear sobre esta desolación de la provincia de Madrid. Ni una granja, ni un campo de labranza, ni un hombre…

De vez en cuando, como una esponja, un pueblo. Y así en toda la extensión de cien kilómetros que se abarca desde dos mil metros de altura.

Desde Madrid hasta que se pasa la paramera de Molina hay una faja espantosa de desolación, sin árboles, sin agua y sin habitantes.

Aragón. Los héroes de la independencia

No admiro demasiado a los héroes de la Independencia nacional; los he mirado siempre con un poco de prevención desde Viriato hasta Agustina de Aragón.

Ahora, volando sobre la tierra aragonesa, me los explico un poco. Esta tierra es como ellos: demasiado fuerte, demasiado abrupta, demasiado cortada a pico. Estas barbacanas y estos torreones naturales tenían que dar hombres así. La principal virtud del aragonés es lo bien enraizado que está, el sabor a tierra que tiene; son como tierra de esta tierra, un poco cruda todavía. Lo mejor que pueden ser es eso: héroes de su independencia. Lo serán siempre; como lo son sus montañas y sus torrenteras. Cuando el vasto mundo está totalmente conquistado, ganado para la causa de la civilización; cuando hayan perdido su independencia las selvas tropicales, los mares del Ecuador y los hielos del Polo, aún quedará cerril, indómito, este rincón abrupto de España. Nuestro avión, que brilla al sol entre las nubes, debe de pasar un poco asustado por entre estos peñascales de Albarracín, Cucalón y Gudar, que le amenazan con sus agudos cuchillos de piedra.

Las escaleras hacia el mar

Para bajar al mar desde la meseta hay unas suntuosas escalinatas. La tierra catalana tiene ya un amable color rosado, que da una suntuosidad escenográfica a estas escaleras, por las que se baja desde Castilla hasta el mar. En el último tramo de esta escalinata, como un acontecimiento lógico, el mar.

El mar venido a menos

El Mediterráneo es un mar venido a menos. Es el mar de una civilización ya superada, que tenía otro concepto del tipo humano. Mar para héroes clásicos, que los héroes modernos desdeñan.

Desde Valencia a Barcelona le vemos extenderse suavemente como una lámina verde de vidrio esmerilado, en la que las olas son como una granulación. En la dilatada playa que es toda la costa levantina la buena gente pesca, se baña o toma el sol; pero sin conceder importancia al mar de los héroes clásicos, que hoy no es capaz de tentar a ninguna heroicidad. El Mediterráneo es un mar venido a menos.

Tierra catalana

Hemos encontrado la primera nube artificial; la va formando pacientemente una alta chimenea, que todavía a muchos kilómetros de Barcelona anuncia ya el poderío industrial de la tierra catalana.

El avión se posa en El Prat, y camino de Barcelona cruzamos su huerta en automóvil. Este catalán que nos lleva está muy orgulloso de sus coles, de sus melones, de su tierra catalana.

  • La tierra es buena – nos dice- y los hombres la trabajan bien. ¡Si nos ayudasen los gobiernos! Ya ve usted, para ir de El Prat a Barcelona no hay más que un puente construído por un particular, que nos cobra una peseta cada vez que lo pasamos, con destino a no sé qué fundación piadosa…

El hombre se lamenta y suspira. Está disgustado de todo menos de su tierra, la tierra catalana que tanto ama.

No he visto nunca gentes con este amor y este orgullo en Castilla.

Heraldo de Madrid, 6 de agosto de 1928

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