Investigación

Propaganda de la II Guerra Mundial en la España de Franco

Dr. Antonio César Moreno Cantano

Universidad de Alcalá

Durante la Guerra Civil española se produjeron los primeros ataques aéreos de la historia sobre población civil. Nefastas consecuencias tuvo, a nivel internacional, para el bando franquista acciones de castigo como las de la Legión Cóndor en Guernica, que fueron denunciadas a nivel periodístico por numerosos periodistas y corresponsales extranjeros. Como respuesta, ya en plena contienda mundial, la prensa española dio amplia cobertura a las críticas alemanas e italianas por las incursiones aéreas Aliadas sobre ciudades como Colonia, Dresde, Milán… Por el contrario, los terribles efectos de las bombas de la Luftwaffe sobre metrópolis británicas no tuvieron el menor eco en los medios españoles, excepto para alabar la potencia militar del Eje.

Si el tema de la guerra aérea y los bombardeos ocupó un espacio privilegiado en la prensa española, mayor incluso fue el interés que suscitó entre las potencias contendientes. España, como es de suponer, no fue ajena a estos esfuerzos y vio circular por sus calles –en muchos casos pese a su voluntad- gran cantidad de folletos, panfletos y libros dedicados a esta temática.

Estas iniciativas eran un reflejo de las que tenían lugar dentro de sus propias fronteras, y que englobaban la totalidad de la esfera pública, ya fuese a través de la literatura, las ondas o el cine. En este último aspecto, Gran Bretaña impulsó películas y documentales destinados a ensalzar a la RAF como The Lion Has Wings (1939), Target for Tonight (1941), Coastal Command (1942), Fires Were Started (1943) o Journey Together (1945)[1]. La respuesta audiovisual germana se dio en largometrajes como Stukas (1941), extravagante muestra de militarismo y melomanía donde se describía la lucha contra Inglaterra[2]. Este género de propaganda fue bien arropada en forma escrita por obras de signo británico como The Battle of Britain o Bomber Command[3].

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Las principales publicaciones desplegadas en la Península Ibérica sobre los bombardeos aéreos ingleses en la guerra tuvieron el sello –en muchas ocasiones- de la Embajada en Madrid, en especial de su Departamento de Prensa y Propaganda (bajo las órdenes del MOI), bajo la responsabilidad de Tom Burns[4]. Los títulos fueron abundantes, como Triunfos aéreos británicos (1941); Techo sobre Gran Bretaña. La historia oficial de las defensas anti-aéreas de Gran Bretaña (1943); Las unidades de bombardeo de las Reales Fuerzas Aéreas Británicas sobre los aviadores enemigos (1940-1942); Estos aparatos británicos implican la victoria. Los aviones británicos: sus hazañas en la guerra (1945); o La aviación británica. Una serie ininterrumpida de éxitos. Todo este tipo de opúsculos presentaban unos matices parecidos. Uno de ellos es la profusión de imágenes a toda página, con detalles pormenorizados de los territorios atacados así como vistosas y laudatorias fotografías de las máquinas y pilotos responsables de los mismos. El otro gran rasgo es la ocultación (y en algunos casos tergiversación) de los muertos civiles víctimas de esta clase de guerra. Se llenaban párrafos y párrafos con localizaciones, objetivos de interés militar y estratégico, unidades acorazadas eliminadas, pero apenas había espacio para las consecuencias indirectas de todas estas operaciones.

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Un ejemplo claro lo tenemos en Triunfos aéreos británicos, ilustrado por cientos de fotografías bajo el epígrafe “Más de 3000 aviones alemanes abatidos por los cazas británicos y las baterías antiaéreas”, pero opaco en datos sobre los miles de muertos que conllevaron. Tal y como se había comprobado en el conflicto español, la opinión pública se escandalizaba enormemente por los daños colaterales de la guerra aérea. Por esa razón, era mejor dejar este tema relegado y ofrecer una imagen heroica e idealizada de sus cazas de combate y bombarderos. A todos estos objetivos se consagraron muchos de estos folletos, en especial Las unidades de bombardeo, que se presentaba bajo el largo y ostentoso subtítulo de “La ofensiva de las Unidades de Bombardeo de la RAF contra las potencias del Eje (septiembre 1939 – julio 1941)”. Su segunda parte, publicada en 1943, recogía el periodo julio de 1941 – junio de 1942, e incorporaba a su título el adjetivo creciente para aumentar la intensidad y espectacularidad de sus victorias. Su primer volumen presentaba un tamaño más grande y con un elevado número de páginas (134) en comparación con su continuación, que ocupaba tan solo cuarenta. Lejos de profundizar en estas diferencias técnicas (seguramente provocadas por la creciente carencia de papel y su consiguiente elevación de precios), lo más significativo para el lector sea adentrarnos en sus contenidos concretos. En el epígrafe “El capitán y su Tripulación” (pp. 11-23) se nos ofrecían abundantes fotos sobre el amplio elenco de bombarderos británicos: los Battles, los Blenheims, los Hampdens, los Stirlings… Igualmente, nos explicaba el tipo de tripulación de los mismos, que iba desde el primer y segundo piloto, pasando por el navegante y el radiotelegrafista, hasta llegar al ametrallador de cola. De gran relevancia, al tratar sobre los ataques contra Alemania, es la orden que se recoge sobre los riesgos de esa ofensiva: “se tendrá el mayor cuidado en no causar daños a la población civil…” (p. 23). Precauciones que –como se aprecia en este tipo de escritos- se debieron cumplir rigurosamente, pues en ningún momento aparece en este folleto las bajas de estos ataques. ¿Verdad u ocultación? No es necesario contestación. Las necesidades de guerra mandaban y la propaganda era un instrumento más de la misma. Se analizaban, siguiendo con este análisis, los ataques sobre el Norte de Italia, pero dirigiendo sus miras a puntos clave (fábricas, bases militares) que era necesario erradicar. Ya se encargaría la propaganda nazi, con publicaciones como La guerra aérea a la luz de la verdad o Las catedrales de Colonia y Milán[5], de enjuiciar tales hechos ante el pueblo español, poniendo el énfasis en la “barbarie” de los mismos. El segundo volumen de Las unidades de bombardeo presentaba un carácter más atrevido, más directo, como se podía comprobar nada más abrir su portada, ya que nos ofrecía a doble página un mapa de Europa con el alcance que la RAF podía ejecutar contra sus enemigos: la imponente cifra de 350 millas, es decir, desde Londres hasta el corazón del Tercer Reich. Los crecientes triunfos Aliados contra el Eje (Stalingrado, desembarcos en Casablanca e Italia…) generaron una gran confianza en sus posibilidades en la guerra y la propaganda se contagio de ella. Los raids aéreos sobre Berlín (p. 32) y Colonia (p. 52) –se vanagloriaban de simultanear sobre esta urbe a mil bombarderos- se circunscribían al principio fundamental de: “derrotar a los alemanes llevándoles a un desconcierto completo y total” (p. 30). El mensaje de estas producciones pecó, en nuestra modesta opinión, de ambigüedad y falta de crudeza. Como se había comprobado durante la Guerra Civil española, los textos e imágenes que escandalizaron a la esfera internacional fueron aquellos que plasmaron cuerpos mutilados, niños víctimas de las bombas o monumentos sagrados en ruinas (uno de los ejemplos más significativos fue Religión y fascismo o Das Rotbuch über Spanien). Otra dificultad radicó en la recepción de dicho mensaje entre la ciudadanía, ya que la censura franquista se convirtió en un muro difícilmente franqueable para las tesis angloamericanas. Títulos como Triunfos aéreos británicos fueron intervenidos por la Dirección General de Seguridad, que bloqueó en el verano de 1941 los ejemplares que desde México se remitían al Colegio Mayor de Santo Domingo de la Calzada[6]. El propio Ministerio de Exteriores franquista echó más leña al fuego cuando, en 1943, redactó el informe “El punto de vista español ante los bombardeos de las poblaciones civiles”. Aprovechando los ataques Aliados sobre ciudades alemanas e italianas, Jordana expresó a su homólogo inglés, Hoare, el deseo español de “humanizar la guerra”, para lo que era necesario no dañar a la población civil, siguiendo el “buen hacer” de las armas nacionales en la pasada confrontación bélica[7].

Folleto III

Por su parte, el Tercer Reich –ya fuese mediante la Embajada, el NSDAP o el Ministerio de Propaganda de Goebbels- contó con toda la ayuda del régimen franquista. Gran cantidad de revistas, panfletos y folletos circularon por todo el territorio peninsular. Una de las más destacadas publicaciones sobre el punto de vista nazi en la guerra aérea fue Der Adler (“El Águila”), órgano de expresión oficial de la Luftwaffe. Editada desde 1939, fue traducida rápidamente al inglés ampliando su alcance a partir de 1941 con ediciones en castellano, portugués, italiano o rumano. Tenía una periodicidad quincenal y una extensión de 16 páginas. Como en otros títulos de esta índole, lo más resaltable era el material gráfico que incluía, con unas espectaculares portadas a todo color en las que aparecía el mariscal Goering (nº 5 de 1942), Hitler (nº 8 de 1942), la carga de proyectiles en un Stuka Ju 87 (nº 3 de 1942); o más llamativas como pilotos acariciando amistosamente a unos camellos en Egipto (nº 7 de 1942). Un aspecto original sobre su visión de la contienda mundial era la inclusión de las victorias japonesas, con el exhaustivo estudio de sus próximos objetivos, llegando a incluir dentro de ellos (se utilizaba para ello un mapa en el que aparecía América, Asia y Oceanía) las ciudades de Nueva York o Los Ángeles (nº 5 de 1942).

 

Folleto II

Menos argumentativo y más pragmático fue El Cruzado. Mensajero Católico Alemán. Si los anteriores buscaban impresionar mediante el potencial de sus armas bélicas (recurso a vistosas fotos sobre diferentes aviones de combate y proezas de sus pilotos), este semanario pretendía escandalizar utilizando el reproche y la denuncia por los destructivos efectos de los ataques angloamericanos sobre las urbes englobadas en la órbita alemana e italiana. Como su eje temático era captar la atención de los católicos, desvió el interés hacia los daños que se produjeron en Castelgandolfo, la residencia veraniega de Pío XII. Sobre dicha operación se explicaba que había ocasionado unos 500 muertos, incluidos religiosos de renombre como el Cardenal Prefecto de la congregación papal “De Propaganda Fide”, Fusnasoni Biendi (se trataba en realidad de Fumasoni Biondi, y no murió en esos ataques, sino en 1960 a los 87 años). Igualmente, se resaltaba la destrucción por esas fechas de la abadía de Monte Cassino por culpa de las “fortalezas volantes” Mitcher y Marauler[8]. Para dar mayor credibilidad y negatividad a estos ataques (se obviaba de antemano la presencia de tropas alemanas en estos lugares) se echó mano a los juicios emitidos desde diferentes diarios europeos, como Suisse, en el que se escribía que “los elementos técnicos de un bombardeo moderno están tan perfeccionados que de ningún modo es posible suponer que la tripulación del avión no supiese donde lanzaba las bombas[9]. Acallaba, o al menos eso pensaba, los argumentos empleados por los Aliados. Por si todas estas maniobras no fuesen suficientes había que incorporar las protestas de obispos como los de Marsella, de Dublín o Malinas, el Primado belga, Josef Van Roey[10]. Lejos de entrar en estériles debates sobre el número de víctimas, otra manera de combatir contra los efectos de la guerra aérea era poner en primer plano los daños ocasionados en los más célebres monumentos religiosos alemanes, italianos, franceses… Imitando la temática de la ya mencionada Las catedrales de Colonia y Milán, se situaba Bombas contra la cultura europea (1944), versión española –apareció también en francés, italiano y portugués- de Bomben auf die Europäische Kultur, del profesor Dr. Oscar Gehrig. Iniciaba su presentación una devastadora reflexión sobre los perjuicios de los bombardeos sobre ciudades abiertas del continente europeo, en las que no se tuvo la menor contemplación –según la argumentación del texto- por el legado cultural de civilizaciones milenarias (p. 3). Cada página se ilustraba con un mínimo de seis fotografías. El impacto visual era la premisa básica, en este caso sin necesidad de tener que recurrir a muertos, cuerpos mutilados o carbonizados. La técnica que empleó fue muy adecuada para llegar a lo más interior del lector católico. Se ofrecía en cada hoja una imagen de gran belleza del monumento original, previo a la guerra, y seguidamente otra del mismo tras los ataques aéreos. Todo ello acompañado de un breve texto explicativo (unas quince líneas) sobre la historia y significación religiosa del edificio. Este método se utilizó al referirse a las ciudades (con sus respectivas iglesias, catedrales, monasterios, conventos o seminarios) de Aquisgrán, Essen, Colonia, Munich, Nuremberg, Lübeck, Karlsruhe, Maguncia, Mannheim, Munster, Palermo, Nápoles, Catania, Génova, Turín, Marsala, Amberes, Sévres y Emden. Todo un elenco de arquitectura, tanto del Tercer Reich como de Italia, Francia u Holanda.

Folleto I

Para cerrar esta exhumación propagandística sobre la guerra aérea citaremos dos publicaciones. Primero, Alas germanas sobre Europa (1941). Fue escrita por SPECTATOR (pseudónimo del periodista español Alberto Martín Fernández), en la Editorial Blass, vinculada a la Embajada alemana en Madrid. Con gran número de ilustraciones, era –como rezaba su subtítulo- “la versión gráfica e impresión escrita acerca de los resultados de un año de guerra aérea sobre los cielos del viejo continente”. Algunos de los temas que trataba fueron: “la nueva técnica aérea empleada a fondo”; “los paracaidistas en acción”; “valor de los nuevos sistemas de guerra”… Aspectos y características muy similares a ¡Emplazada para la lucha final! La aviación alemana contra la escuadra inglesa (1941), de Hans Georg Schulze. En definitiva, se trataba de una propaganda “positiva”, más volcada en ofrecer las “bienaventuranzas” de las fuerzas aéreas británicas y alemanas que las consecuencias nefastas y mortales de los movimientos del enemigo.

 

[1] CHAPMAN, James: The British at War. Cinema, State and Propaganda, 1939-1945. London / New York: I. B. Tauris Publishers, 2008, pp. 58-113.

[2] ESPAÑA, Rafael de: El cine de Goebbels. Barcelona: Ariel, 2002, p. 119.

[3] HOLMAN, Valerie: Print for Victory. Book publishing in England, 1939-1945. London: The British Library, 2008, p. 109.

[4] BURNS MARAÑÓN, Jimmy: Papá espía. Amor y traición en la España de los años cuarenta. Barcelona: Debate, 2010, especialmente capítulos 5 al 7.

[5] Referencias a esta obra en RUIZ BAUTISTA, Eduardo y BARRUSO BARÉS, Pedro: “La propaganda alemana en España durante la segunda guerra mundial”, en MORENO CANTANO, A. C. (coord.): El ocaso de la verdad. Propaganda y prensa exterior en la España franquista. Gijón: Trea, 2011, p. 196.

[6] AGA, Cultura, caja 263.

[7] AMAE, R. 1370/5. “El punto de vista español ante los bombardeos de las poblaciones civiles”, 1943. Recuérdese el folleto Hablemos de los bombardeos de 1938, donde se defendía el papel de la aviación franquista durante los bombardeos de Barcelona.

[8] El Cruzado. Mensajero Católico Alemán, nº 1, febrero de 1944.

[9] Idem.

[10] El Cruzado. Mensajero Católico Alemán, nº 2, abril de 1944.

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