Investigación

Las grandes fortunas catalanas de la II República

Gil Toll

Emilio Carles Tolrà fue el contribuyente que más renta declaró en la provincia de Barcelona el año 1933, con 1.933.000 pesetas. Ostentaba el título de marqués de Castellar del Vallès, pero era uno de los aristócratas de nuevo cuño, los que la monarquía borbónica nombró entre la burguesía más pujante del fin de siglo XIX para ganar nuevas complicidades que sumar a los viejos nobles terratenientes.

La empresa del marqués de Castellar era Viuda de José Tolrà, muy conocida por las sábanas de algodón que fabricaban. De hecho, entre las 10 primeras fortunas catalanas de 1933, 6 son empresarios del sector textil. Entre los otros había un empresario agrícola, José Suñol, fundador de la Compañía de Industrias Agrícolas, dedicada al cultivo de la remolacha azucarera. Otro dedicado a la industria del cemento, José Fradera. Y un tercero, Miguel Mateu, dueño de la Hispano Suiza, que fabricara automóviles de lujo y motores de avión.

Contribución de la Renta de 1933

Emilio Carles Tolrà 1.933.000 Textil
Eusebio Bertrand Serra 1.907.000 Textil
Edmundo Bebié Wild 1.739.000 Textil
Juan Giménez Sánchez 1.503.000 Textil
José Suñol Casanovas 1.194.000 Agrícola
Jaime Ymbert Fort 1.079.000
José Fradera Camps   995.000 Cemento
Juan Fábregas Jorba   967.000 Textil
Miguel Mateu Pla   920.000 Automoción
Mariano Recolons Regordosa   894.000 Textil

Fuente: Archivo de la Corona de Aragón, elaboración propia.

Los datos de estos contribuyentes surgen de las primeras declaraciones de la renta que se hicieron en España en aplicación de la ley que creó la Contribución general de la Renta en 1932. Su autor fue el ministro de Hacienda Jaume Carner, quien desde un primer momento aseguró que pretendía dar un primer paso en la creación de un impuesto que con los años adquiriera más protagonismo.

El mínimo de renta para pagar la contribución era de 100.000 pesetas, un nivel elevadísimo que se pensaba que podían tener 5.000 personas en toda España. Los tipos de gravamen iban desde el 1 al 11 por ciento según los tramos de renta. Una moderación que se explica por la existencia de otros impuestos que gravaban la actividad empresarial. En todo caso, Carner siempre defendió una aplicación suave del impuesto con la intención de que fuera mejor aceptado.

Y es que la introducción del impuesto en la etapa republicana se consiguió tras más de una década de proyectos fallidos durante la monarquía. Los sectores afectados maniobraron siempre contra el impuesto de la renta, como lo hicieron también durante la República, con Francesc Cambó y la Lliga Regionalista a la cabeza de la resistencia. Por cierto, Cambó ocupa el puesto 21 en la lista de los máximos contribuyentes de 1933, con poco más de medio millón de pesetas de ingresos en aquel año. En la declaración también aparecen los signos externos de riqueza, por lo que podemos saber que el líder de los regionalistas catalanes poseía un Hispano Suiza y un Rolls Royce.

La lista de máximos contribuyentes barceloneses contrasta con la madrileña, reproducida en este mismo sitio por el investigador Miguel Artola. Mientras las principales fortunas catalanas surgían de la actividad industrial, en el caso de Madrid nos encontramos con la rancia aristocracia ligada a la tenencia de grandes latifundios y fincas urbanas. Encabezando la lista madrileña, el hombre más rico de España, Juan March, con tentáculos en el mundo de la banca, el petróleo y actividades de contrabando que se remontaban a sus inicios económicos.

20 mayores contribuyentes

Tras la guerra civil, el impuesto continuó, pero la voluntad política se diluyó. La inspección nunca contó con los medios suficientes para llevar a cabo su función y la ley se vio trufada de exenciones que reducían fuertemente la recaudación.

Si bien en los años de la República las anotaciones sobre las declaraciones son minuciosas y constantes año a año, a partir de 1939 se reflejan arbitrariamente y en muchos casos aparecen inscripciones de un solo ejercicio.

A pesar de ello quedan evidencias de la trayectoria económica de algunas de las grandes fortunas antes y después de la guerra. En el caso de Emilio Carles Tolrà se apunta un drástico descenso de sus ingresos, pues en 1940 declaró tan solo 100.000 pesetas. Ese año, Tolrà se encontraba en Italia, con miedo a las represalias por su contemporización con la República, que le llevó a donar unos terrenos para una escuela e inaugurarla junto al presidente de la Generalitat, Lluís Companys. En el mismo año 1940, Tolrà moría en su exilio y al cabo de un tiempo su heredero vendió la mayoría del capital de la empresa Viuda de José Tolrà a los hermanos Valls Taberner, de declarada filiación franquista y más adelante dueños del Banco Popular.

El caso contrario es el de Miguel Mateu, propietario de la Hispano Suiza, la fábrica de automóviles de lujo, camiones y motores de aviación. Mateu era amigo de Francisco Franco, quien le nombró alcalde de Barcelona al entrar las tropas franquistas en la capital catalana. En 1933, Mateu ocupaba la novena plaza entre los más ricos con 900.000 pesetas de ingresos declarados. En 1941, su declaración saltó a 1 millón 700 mil pesetas. Aun teniendo en cuenta que en la guerra civil se destruyó un 25 por ciento del PIB y que la peseta sufrió una devaluación enorme, el cambio de tendencia contrasta con la suerte de la mayoría de sus homólogos. Hay que añadir que la Hispano Suiza también cambió de manos, en este caso pasando a las del Instituto Nacional de Industria. Un traspaso que no se produjo alegremente, conllevó un fuerte tira y afloja entre el propietario y el presidente del INI, Juan Antonio Suances. La resolución fue mediante un mando militar que llegó a poner una pistola en la mesa de Mateu, según ha conseguido averiguar el historiador Jordi Nadal.

Otro que encontró la suerte en la posguerra fueron los famosos estraperlistas Julio y Álvaro Muñoz Ramonet. Dos inscripciones de sus declaraciones de 1941 se conservan en el registro padrón y reflejan 4 y 3 millones de pesetas de ingresos respectivamente en ese año. Datos apabullantes para una ciudad de Barcelona cuyos habitantes pasaron grandes privaciones y sufrieron los abusos de los reyes del mercado negro con conexiones políticas de alto voltaje.

La documentación de la Contribución de la Renta durante esas primeras décadas del franquimo es muy irregular y no se encuentra conservada como la republicana. La dejadez se impuso a  la idea de Carner de ir fortaleciendo la Contribución de la Renta para convertirla en el eje del sistema fiscal español y no fue una realidad hasta la creación del IRPF por Francisco Fernández Ordóñez en 1977.

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