Artículo histórico

Juan Marsé y la memoria colectiva

José María Carandell

  • Bueno, ¿qué diablos pasa con tu ultima novela Si te dicen que caí, que no se publica en España? ¿Cómo quedó la cosa con Ricardo de Cierva?, ¿qué pasó?
  • Pasó que España no hay más que una y a ti te encontré en la calle y luego pasó que mirando el mar soñé que estaba junto a ti y luego me la llevé al rió creyendo que era doncella y no.
  • Va, en serio, hombre.
  • En serio: este asunto me tiene harto. Algún día publicaré mi correspondencia con los Directores Generales de Cultura Popular que han sido y serán y nos podemos morir todos de pena. O de risa, depende. Lo cierto es que Ricardo de la Cierva me aseguró que su deseo era publicar el libro. Y todo estaba listo para publicarlo. Y entonces los ultras se encabritaron, conocedores ya de la edición mejicana y se desató la “tormenta preventiva”, según palabras del propio De la Cierva en carta que me escribió en abril del año pasado. Y añadía De la Cierva: “Tormenta que se ha desatado por parte de personas que, según sospecho, no han leído la obra, pero han recibido de fuente que a usted no le será difícil imaginar, algunas acotaciones tendenciosas a varias de sus páginas. Creo que voy a poder solucionarlo de forma muy rápida, pero, en todo caso, deseo tenerle a usted puntualmente informado de toda la evolución del asunto”. Palabras de Ricardo de la Cierva. El caso es que el asunto evolucionó, sí, pero desfavorablemente para la novela.
  • ¿Y qué dice el nuevo director general de Cultura Popular?
  • Ni pío. Aquí en Barcelona declaró que él no sabe nada del asunto. Sin embargo, me consta que la novela fue presentada a depósito y alguien de la Administración se precipitó a pedir al editor que la retirara y no la diera por presentada.
  • ¿Cuál es la razón, a tu juicio, por la que no sale el libro?
  • El “pacto de temores”, por decirlo con las mismas palabras que usó un procurador a propósito de las asociaciones políticas. El miedo a volver la vista atrás, a ejercitar la memoria. En este país se pretende usufructuar la memoria nacional. Bastó que la apertura amenazara (es un decir, pobre apertura) la prerrogativa oficial de usufructuar la memoria colectiva, pesara que muchos, ultras y no tan ultras, se pusieran a chillar histéricamente desde sus viejas trincheras del poder. La memoria de los españoles sigue pues en sus manos y mientras siga en sus manos, en España no florecerá la literatura. Porque el escritor, lo he dicho muchas veces, es ante todo memoria: anular esta memoria es la muerte de la novela y de cualquier expresión artística.
  • Aclárame un poco más esta cuestión: ¿quieres decir que ya no hay razón para seguir creyendo en la apertura?
  • La postración cultural de España sigue siendo total y absoluta. La apertura cultural (pues a esa me refiero yo, no sólo a la Informativa, que ahí sí creo que se ha movido algo la cosa) seguirá siendo un espejismo y un camelo mientras se mantenga anulada la memoria del novelista -este es el problema de censura que plantea mi novela Si te dicen que caí, el fundamental-, mientras se impida la revisión (que no el revisionismo, como temen algunos: yo no hago política, sino novelas) de un pasado que pertenece a todos los españoles, incluidos los nacidos treinta años después de la terminación de la guerra civil. Nada que hacer, por el momento. Así que más vale que hablemos de otra cosa y a esperar tocan.
  • Mientras tanto, parece que la novela funciona muy bien en Méjico y en muchos países de la América Latina, y que está a punto de salir una traducción en Italia y se gestiona lo mismo en Estados Unidos y en Francia…
  • Hubiese preferido ver salir la edición española.
  • …O sea que no te puedes quejar, chaval.
  • Me quejo de la situación que entorpece la aparición de una novela, no de la suerte de esta novela mía solamente. Lo he declarado en otras entrevistas: la publicación o no publicación, hoy por hoy, de esta novela en España, desde el punto de vista de mi carrera como escritor, no me afecta en absoluto, porque yo nunca he pretendido hacer carrera, no convertirme en profesional de las letras ni de nada. Me considero un aficionado. Lo que sí me interesa es el asunto de la libertad del escritor cuando se es intolerante con los escritores.
  • Hablemos un poco de tu trabajo, ¿Por qué no te consideras un escritor español? ¿Qué extraña idea es esa?
  • En primer lugar, las novelas no me dan para vivir y es algo de lo que no me quejo. Yo escribo poco, lentamente, me cuesta mucho y además todo lo que he conseguido no es más que un pálido reflejo de lo que me había propuesto al empezar a redactar. Así que no quiero engañarme a mí mismo: me creo un aficionado. Pero no es eso sólo. La idea de convertirme en un intelectual de las letras, conforme a la imagen que de él se tiene en nuestra sociedad, me repugna tanto o más que la idea de convertirme en un político con poderes, pongamos por caso. No sirvo para eso, no tengo ambiciones, me revientan los expertos, los llamados expertos en cualquier cosa. Siempre me he preguntado por qué me incomoda tanto el que me miren o me traten como a un escritor. Y es que yo opino, como Auden, que soy escritor mientras escribo una novela; cuando no hago esto, sólo hoy un hombre que ha terminado de escribir una novela y no sabe si será capaz de empezar otra.
  • ¿Señalarías diferencias formales entre Últimas tardes con Teresa, que escribiste hace diez años y Si te dicen que caí?
  • Últimas tardes con Teresa fue la expresión de un mito social, romántico y erótico. Si te dicen que caí es un paseo por mi infancia, una evocación del ayer que sigue arrojando luz sobre el hoy que estamos viviendo. El impulso inicial del libro, su primer latido nació de querer rescatar una memoria que me había sido falseada, adulterada, escamoteada. Con esta novela he pretendido reivindicar mi versión de los hechos, recuperar mi derecho a explicar que mi infancia, mi ciudad y mi barrio y mi calle eran así y no como luego se dijo… No sé si me entiendes, nunca he sabido formular muy bien lo que escribo. Precisamente, en Si te dicen que caí el relato no es unívoco, sino múltiple. Múltiple tanto por lo que hace al enfoque narrativo (coexistencia de diversos narradores) como por lo que atañe a la versión de los acontecimientos (coexistencia de verdades diversas). Este planteamiento formal es completamente distinto al de
  • Creo que el retraso en publicarse la novela la perjudica, porque podría acumular unas significaciones políticas que seguramente el relato no tiene. ¿Que opinas tú?
  • La política siempre fastidió a la literatura. Opino como tú. Pero la novela se publicará algún día, tarde o temprano y entonces se verá que no nació de ningún impulso turbiamente político (ninguna novela que se precie de tal puede nacer de eso), ni desde ningún planteamiento ideológico. Se verá que no es más evocación nostálgica de un hermoso y repelente paraíso perdido: mi infancia, mi verdadera patria.
  • ¿Quieres añadir algo más o lo dejamos ya?
  • Bah, cortemos el rollo. Vamos a tomar algo. O mejor ¿por qué no me presentas algunas de esas amiguitas tuyas tan guapas?
  • Chaval, no tienes remedio.

Tele/eXpres, 5 de febrero de 1975

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