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La prensa y la creación del mito de la vampira del Raval

Elsa Plaza Müller

El día 27 de febrero de 1912, vecinos, periodistas y curiosos se agolpaban frente al edificio de la calle Ponent 29, en Barcelona. Allí, unos guardias urbanos habían descubierto a una niña del barrio, desaparecida desde hacía varios días de su domicilio. Su presunta secuestradora se convertiría en el personaje de una de las leyendas urbanas más difundidas de Barcelona, relatada en varias novelas y pretexto para programas que tratan de fenómenos paranormales.

¿Cómo fue que de un secuestro se derivara una acusación de crímenes en serie, sin que existiera un solo cadáver? ¿Cómo, en el imaginario colectivo, y en abundantes páginas webs y novelas, más de cien años después, se sigue sosteniendo la criminalidad de una mujer cuyo sólo delito verificable fue el secuestro de una criatura? Es evidente el papel que la prensa jugó en este hecho. Una prensa que en la época, y a pesar de la altísima tasa de analfabetismo, tenía unas grandes tiradas, quizás porque era el único medio de comunicación de masas y porque representaba, en sus múltiples cabeceras, casi todo el espectro político de la época ( salvo el anarcosindicalista prohibido en ese momento), aunque totalmente limitada por la Ley de jurisdiscciones (1906-1931) que significaba un control estricto sobre lo publicado, ya que ponía bajo jurisdicción militar toda referencia que pudiera tomarse como ofensiva” a la unidad de la patria, la bandera y el honor del ejército”, o sea cualquier declaración antimilitarista.

Periodistas casa de E M

Periodistas en la puerta de la casa de Enriqueta Martí el día de su detención, mostrando la ropa interior de la acusada. Fuente: Mundo Gráfico, mes de marzo 1912. Archivo- Biblioteca Pabellón de la República

Pero, a pesar de la diferencia ideológica que distanciaba a los periódicos, en el caso que nos interesa, el de la tristemente célebre Enriqueta Martí Ripoll, la conocida como la “vampira del Raval”- epíteto creado mucho después de que ocurrieran los hechos-, el lenguaje misógino y clasista con el que se describió su persona y con el que se fue relatando su caso era prácticamente intercambiable entre unos y otros titulares. Fuera éste el pro republicano y anticlerical El Diluvio, el filolerrouxista La Publicidad, los conservadores y monárquicos La Vanguardia o el ABC. Aunque, cabe matizar. Así, cada uno de estos periódicos no dudó, al menos durante los dos primeros meses, de la culpabilidad de la sospechosa, adjudicándole innumerables crímenes, entre ellos el de antropofagia. Pero, de acuerdo a su inscripción en el arco ideológico variaban en las sospechas. Estas iban desde complicidades relacionados con el clero, con la gran burguesía y hasta la nobleza; a hacer de ella la sola culpable: una bestia solitaria de malignidad morbosa, o sea, una bruja.

Por ejemplo, El Diluvio pone en entredicho la relación que la cuñada de la acusada podría tener con el cura para quien lavaba ropa, ya que ésta también había sido detenida por ser madre de dos de las criaturas que habían pasado por la casa de Enriqueta. De paso, aprovechaban para explicar, en artículos adjuntos, antiguas historias de pederastia que tenían a sacerdotes como victimarios.

El Intransigente -periódico que representa el ala izquierda del lerrouxismo, con el cual se había escindido, acercándose a ciertas figuras del republicanismo federal y el anarquismo libertario-, a pesar de tener un discurso semejante al del Diluvio, cree necesario reproducir las palabras del abogado laboralista Eduardo Barriobero durante un mitin, donde éste explica las dudas que le merece el caso Enriqueta Martí, y las sospechas de que podía tratarse de un montaje policial, como lo habían sido otros casos, donde habían acusado a obreros sindicalistas de crímenes que nunca cometido.

Eduardo Barriobero había tenido la oportunidad de visitar a Enriqueta Martí en la cárcel, a invitación de su entonces amigo Adelardo Fernández Arias

Copia de en la carcel

Enriqueta Martí en la cárcel con su abogado Eduardo Barriobero y “El duende” (única fotografía de la procesada hecha exclusiva y expresamente para el Heraldo) El Heraldo de Madrid, 4 de abril 1912.

(El duende de la colegiata), periodista de El Heraldo de Madrid enviado para cubrir el caso in situ, y que ofreció las crónicas, que creo, son las más interesantes y completas acerca de este suceso.

Fue Fernández Arias quien no se contentó con los relatos que dictaban desde la sede de los juzgados o desde la Jefatura de policía. Visitó a cada uno de los protagonistas del suceso, desde la guarda barreras, quien decía haber recibido oferta de parte de Enriqueta para comprarle su bebé, hasta al jefe del laboratorio de medicina legal doctor Gaspar López y López. La descripción del laboratorio y del médico refleja la desesperación del profesional, y la desidia, por falta de recursos, a la que las autoridades gubernativas sometían a éste y a las instalaciones del laboratorio. Era imposible en un lugar así sacar conclusiones claras de las pruebas aportadas.

Fue Fernández Arias quien primero comenzó a sospechar de la falsedad de todos los cargos y quien, luego de su vista a la cárcel, acompañado de Barriobero, concluyó con éste lo evidente: que Enriqueta nunca había asesinado a nadie.

Luis Antón de Olmet, famoso periodista de la época, era el enviado desde Madrid por el ABC. Éste fue uno de los encendidos portavoces de la tesis oficial, la que hacía de Enriqueta Martí La bestia humana, la Hiena, la Mala dona, la bruja tal como las que se quemaban en Zacodover, según las palabras del propio jefe superior de la policía José Millán de Astray (padre), y que el periodista recoge. Pero, pasadas las primeras semanas, es este mismo periodista, uno de los artífices de la historia de que en la casa de la Martí se había descubierto un cuarto cerrado impecable y con sillones de terciopelo rojo, quien desarma esto: No hay tal cuarto,( …) el papel se halla roto, lleno de rasguños hay un gran sofá verde , por cuyo reps [sic] brotan las tripas de borra y lana(….)

Enriqueta Martí Ripoll murió de un cáncer de útero, el 13 de mayo de 1913, tal como ella sostenía estaba muy enferma. Fue, durante su agonía, socorrida por sus compañeras de presidio y por ellas amortajada, tal cual se describe en todos los periódicos de la época. Pero, quiere la leyenda urbana que su muerte se haya producido de forma violenta, atacada por sus compañeras en el patio de la prisión. Como quiere también continuar glosando sus crímenes nefandos, y si vamos a las páginas de internet encontraremos una lista de criaturas que ella habría asesinado, incluso con fotos. Fotos todas sacadas de otras publicaciones de internet, donde aparecen niños muertos que sin ningún escrúpulo se le adjudican. Entre estos están las fotos de las víctimas de los bombardeos de Madrid, las niñas desaparecidas en la calle Hilarión Eslava de Madrid en 1924, los niños muertos que parecen en un álbum de fotos antiguas y las momias de bebes de las catacumbas de los capuchinos de Palermo…Así se sigue alimentando la leyenda.

Libro vampira

http://www.icariaeditorial.com/libros.php?id=1439

 

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