Artículo histórico

Dinero y poder

Cándido.

En los tres artículos inmediatamente anteriores quise dirigir los ojos del lector hacia uno de los más ásperos torcedores que violentan la acción empresarial española. ¿No son un síntoma las diez mil devoluciones de letras de cambio contabilizadas este verano en Vizcaya, aun contando con los matices que hacen menos grave la situación? Existe un desconcierto y hay unas causas. La conciencia burguesa, que está aposentada con firmeza en nuestra sociedad, aprovecha los dos temas que le han sido eternamente favorables: la libertad y el realismo. El dinero se concentra en silencio. Los mercaderes dinámicos e imaginativos corretean de un lado a otro ejerciendo la precisión y el cálculo. Frente a la cualidad se esgrime la cantidad y número. No sé hasta qué punto será lógica una preocupación en este sentido, pero lo que sé es que importa ver las líneas de fuerza que ocultamente empiezan a dirigir nuestra sociedad y la inquietud de sus hombres. Sólo así podrá saberse lo que va a acontecer. Pierre Massé, a quien citaba el otro día, ha escrito que “el porvenir lejano no tiene influencia en nuestras decisiones presentes”. Y, sin embargo, de las decisiones actuales depende estrechamente el porvenir, tanto el lejano como el próximo. El afán de la especulación pura, esa especie de escolástica mercantil cuyo objeto no es la creación de riqueza, sino la acumulación de capital, debe ser normalizado por lo que llamaríamos el “ejercicio de la voluntad central”. Es necesario oponer a la pasión del dinero la pasión del hombre. Cuando se exageran los términos de una situación empieza una irremediable marcha hacia la situación contraria. Es una vieja ley establecida ya por Heráclito, y además es una evidencia histórica. La idea de que el dinero concede el poder es cierta. Pero el hombre tiendo a confundir el poder con la verdad. Y así es como la conciencia burguesa pasa de utilizar la libertad con la que consiguió el poder a establecer el principio que le hará permanecer en él. Pero al desplomarse el decorado de la libertad sobreviene el fracaso. El dinero no era la verdad.

ABC, 19 de septiembre de 1967

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