Investigación

Manuel Chaves Nogales y su exilio en Londres

María Isabel Cintas Guillén*

Era un día del mes de junio de 1940. Salió de la casa de la Place Jules Ferry de París con su gabardina y su pequeña maleta. No volvimos a verlo. Nunca supimos qué pasó a partir de aquí, como llegó a Inglaterra…, dice su hija Pilar.

Acompañando a un grupo de periodistas de pensamiento progresista con los que había contactado en París salió al exilio inglés en un contratorpedero británico. En 1940 no los querían en Francia, donde se habían distinguido en su defensa de la democracia, incluso la del pueblo francés. Además, Petain había decidido entregarse sin lucha a los alemanes, lo cuenta Manuel en La agonía de Francia. Y en este viaje no podía acompañarlo la familia, ya que la entrada a Inglaterra de los refugiados españoles estaba siendo limitada. Había dicho a su esposa que esperasen unos días tras su partida y se volvieran a España. Casi con alivio, pero sin medios, así lo hicieron. Atravesaron la frontera española por Irún. En un campo de refugiados a la salida de Pamplona, la esposa de Chaves, embarazada y acompañada de otros tres hijos, dio a luz a Juncal, con el único consuelo de un médico que se compadeció de su situación y le ofreció su propia cama para que reposara tras el parto. Pocos días después, los cinco salieron para el Ronquillo, en la provincia de Sevilla, donde permanecieron ocho años protegidos de alguna manera por el tío Pepe, José Chaves Nogales, el hermano de Manuel.

Este año, 1940, Manuel Chaves Nogales era un cotizado periodista, de gran prestigio no sólo en España: también en América Latina y en Francia, y en la propia Inglaterra, donde ya se había dado a conocer. Incluso en Canadá, en Nueva York, en Nueva Zelanda se habían publicado los relatos de “A sangre y fuego”. Como tantos españoles, salió a un nuevo exilio para no volver jamás.

El Londres al que llegó vivía en una relativa tranquilidad, aunque la guerra hacía sentir su presencia.

En una de las primeras cartas que Chaves dirigió a su familia, firmada con el seudónimo de Eugenio de Larrabeiti, comentaba: “La vida aquí no es difícil, a pesar de los bombardeos aéreos”. Las dificultades en la propia comunicación debidas a las censuras de Inglaterra y España obligaban al empleo de un lenguaje lleno de claves y subterfugios. Así se expresaba tras el nacimiento de Juncal, oculto tras el nombre de Larrabeiti y sin poder manifestar sus sentimientos de manera normal, en carta a su esposa: “Me alegró mucho recibir noticias suyas por conducto de su cuñado y saber que había usted dado a luz con toda felicidad una nueva niña. Espero sea tan guapa como las otras y desearía me enviasen una foto para conocerla”.

Muy pronto, el desarraigo y la soledad comienzan a estar presentes en su vida. Sin dejarse arrastrar, no obstante, por la nostalgia, un estado de ánimo positivo y la esperanza en el reencuentro aparecen siempre en sus cartas: “Tengo la convicción de que antes de que termine este año habré consolidado mi situación y habré rehecho mi vida. No sé vivir más que como he vivido siempre, me falta lo esencial, y no puedes imaginarte el esfuerzo de voluntad que tengo que hacer para no hundirme en la situación en que me encuentro, solo y sin más estímulo que la esperanza de volver alguna vez a lo único que quiero y a la única vida que me parece tolerable”, dice a su esposa en una carta sin fecha.

Recién llegado a Londres, Chaves se instaló en la zona de Bloomsbury Square, precisamente donde también había vivido en 1905 Pío Baroja en su visita a La ciudad de la niebla. Vivió en el número 181 de Russell Court, el piso bajo. Arriba vivían Cora y Luis Gabriel Portillo. Según Cora Blith, Chaves estaba siempre muy ocupado, hasta el punto de que ni siquiera se refugiaba en los sótanos durante los bombardeos sobre Londres; confiaba en que saldría ileso porque, decía, el bloque era sólido y aguantaría.

Chaves no dejaba de trabajar a favor de la democracia. Su casa era frecuentada por otros exiliados españoles, periodistas, escritores, políticos republicanos, unidos todos por similares problemas de abandono y desarraigo, separados a veces entre sí por las distintas interpretaciones de los hechos acaecidos y por las posibles salidas de ellos. Pero Manuel no hacía distinciones entre los refugiados. Y los ayudaba siempre que ello estaba en su mano. No estuvo afectado por el rencor político.

La situación de estos exiliados españoles en Londres fue retratada por Esteban Salazar Chapela en su libro Perico en Londres, donde se novela cómo se las arreglaban para sobrevivir y cómo eran llamados por las agencias de prensa “en enjambre descomunal: diplomáticos e ingenieros, abogados y boticarios, médicos y burócratas (…), todos estimulados por la necesidad, probaron fortuna y vieron con satisfacción que sabían escribir…” Pero los republicanos españoles hubieron de sufrir toda clase de penalidades en su adaptación obligada al medio inglés: “Las posibilidades de colocación para los españoles no eran, sin embargo, ni abundantes ni adecuadas a su categoría profesional, que vieron rebajada de manera ostensible al tener que desempeñar puestos no cualificados”.

En el desgarro del exilio, el trabajo pasó a ser su mejor lenitivo. Comenzó a colaborar en periódicos progresistas como Evening Standard e Evening News. Como había trabajado en París desde 1937 hasta 1940 en las dos agencias de Emery Revesz, la Cooperation Press Service (con sede en París y más tarde en Nueva York) y la Cooperation Publishing Company (con sede en Londres), al llegar al exilio londinense quiso hacer algo semejante a lo que había hecho en Francia, es decir, enviar a periódicos de América Latina colaboraciones de escritores europeos y trabajos de información política. Para ello se valió de las agencias “Atlantic Pacific Press” y “Manuel Chaves Nogales Features Agency”.

El Ministerio de Información inglés

Ante los planes expansivos de la Alemania nazi y la consiguiente necesidad de poner freno a la propaganda eficaz de Goebbels, Inglaterra se vio precisada a crear un nuevo ministerio que, aparte de ejercer una censura de prensa, fuese capaz de dirigir los esfuerzos propagandísticos dentro del país y fuera, en países neutrales y aliados. El Ministerio de Información británico debía canalizar toda la información relativa a la Segunda Guerra mundial que había de salir de Inglaterra hacia América Latina. Esta política informativa tenía por destinataria a la prensa escrita en español y su orientación y financiación se realizaba a través de la agencia Reuters. Los funcionarios del Ministerio, contando para ello con la administración política británica, decidieron aprovechar a exiliados españoles de prestigio para que fuesen los que realizaran este trabajo informativo, Chaves entre ellos. Deric Pearson, propietario de la “Atlantic Pacific Press Agency” puso a Chaves al frente de su agencia, Haciendo uso de sus contactos con la prensa sudamericana, que venían de antiguo, Chaves estableció para América Latina un servicio informativo de los acontecimientos europeos. La “Atlantic Pacific” estaba situada precisamente en el piso de encima de Reuters, en Fleet Street 69, la calle de la prensa en Londres. La BBC y la “Atlantic” eran consideradas por Pedro Bilbao, Casas de América en Londres. No era poco triunfo para un periodista español, exiliado de la guerra civil, dirigir una agencia de prensa proyectada a Latinoamérica y con sede en la calle más emblemática para el mundo periodístico del medio geográfico europeo, centro neurálgico de la información mundial.

A petición de Chaves y como una de sus primeras actividades en la empresa, el 27 de octubre de 1941, Luis Portillo, en nombre de APPA, escribió una carta a Miss Esther Simpson, secretaria de la “Society for the protection of science and learning” de Cambridge, con la siguiente petición: le rogaba proporcionase información sobre la sociedad para la Atlantic Pacific, que tenía en proyecto hacer un trabajo para periódicos de Sudamérica sobre distinguidos visitantes extranjeros que cooperaban en las universidades británicas, así como sobre las actividades de los intelectuales –científicos, escritores, artistas, etc.- que se habían visto obligados a dejar sus países y estaban en ese momento en Inglaterra, como Max Born, Max Delbrück, Otto Frisch, Karl Popper, Hans Krebs… Era intención de la agencia escribir o entrevistar personalmente a esos intelectuales, así como divulgar las actividades de la Sociedad.

Con la derrota de la República española, la tercera parte del profesorado universitario español de todos los campos del saber desapareció por muerte o exilio. La Sociedad concedió ayudas de viaje para América, libros o material de investigación a muchos exiliados españoles. La lista de los registrados por la Sociedad es extensa. Citaremos sólo los más conocidos: Niceto Alcalá Zamora Castillo, Pedro Bosch Gimpera, Demófilo de Buen Lozano, Fernado Calvet, José Castillejo, Margarita Comas Camps, Arturo Duperier, José García Valdecasas, Alberto Jiménez Fraud, Alfredo Mendizábal, Severo Ochoa, Augusto Pi i Sunyer, Gustavo Pittaluga, Luis Recasens Siches, Mariano Ruiz Funes, José Trueta Raspall, entre otros. Con esta sociedad estableció contacto Chaves, a través de Portillo, con el fin de aprovechar los conocimientos de estas personalidades y ayudarlos a cambio a sobrevivir en el duro ambiente del exilio, requiriéndoles colaboraciones para la prensa sudamericana. Ocasionalmente estos mismos escritores colaboraban en programas radiofónicos a través de la BBC, siempre desde una postura de defensa de ideales democráticos. Al mismo tiempo Chaves coordinaba la información de las embajadas de países sudamericanos en el Reino Unido, colaborando con el Ministerio del Interior, como antes hizo en Francia. Con frecuencia celebraba cócteles o encuentros a los que invitaba a personal del cuerpo diplomático latinoamericano establecido en Londres, a los que servía de intermediario en trámites con el gobierno inglés, valiéndose de sus habilidades para las relaciones públicas. Y estableció en su casa un centro de reunión de exilados republicanos españoles de todas las tendencias y exiliados de otras nacionalidades. También Chaves marcaba el rumbo de la agencia y los principios que la inspiraban, muy arraigados en el contacto con América Latina, potencial consumidora de los artículos y “features” realizados por periodistas e intelectuales europeos, fundamentalmente españoles, a los que también citaba en el Reform Club para tomar una copa y charlar, o bien organizaba directamente recepciones de toma de contacto. El Reform Club, con un siglo de existencia y realizado por el arquitecto Charles Barry, era el centro de encuentro de los liberales londinenses, que se reunían en sus espléndidos salones para charlar y disfrutar de la magnífica cocina. Allí solía citarse Chaves con progresistas londinenses y europeos exiliados, para comer o tomar un lunch mientras les hablaba de sus proyectos más inmediatos.

Se trabajaba duro en aquella agencia, siempre bañada por el humo, envuelta en los nervios de la celeridad, con unos colaboradores que respondían al prototipo de Fleet Street, de lo que podía ser ejemplo el propio Chaves: remangadas mangas de camisa, pintas de cerveza durante el día, wisky por la noche, siempre el pitillo encendido; espíritus alertas, trabajadores infatigables, nerviosos, bienhumorados, al tanto siempre de lo que transmitía la BBC para toda Europa.

(La agencia había nacido como un centro de información en lengua española y portuguesa a disposición de las empresas periodísticas americanas. Sus corresponsales y colaboradores en los países libres de Europa y África y en los Dominios británicos podrían suministrar el servicio de información, comentario y fotografías que las publicaciones americanas pudiesen requerir, con garantía de veracidad y en inmejorables condiciones económicas, según se decía en el prospecto de características del servicio, explicitando el concepto que Chaves tenía del quehacer de una empresa al servicio de la información mundial, coherente con su concepto del periodismo y la organización empresarial. En cartas a sus hijos y esposa les comentaba la ilusión que tenía puesta en la empresa y cómo su confianza en el éxito de la misma le hacía pensar en la posibilidad de una inmediata reagrupación de la familia).

Como decimos, Chaves ofreció esta plataforma, la posibilidad de escribir para la prensa latinoamericana, a los refugiados españoles más significados: Carles Pi i Sunyer, Salvador de Madariaga, Ernesto Salazar Chapela, Luis Cernuda, Luis Araquistáin, entre otros, a los que encargaba la tarea de elaborar columnas en secciones fijas de la prensa y artículos de opinión, firmados casi siempre y visados por la censura, divulgadores del papel de Inglaterra en la defensa del mundo libre. La agencia gestionaba igualmente trabajos de autores franceses o ingleses, en traducciones, si ello era preciso, realizadas por el magnífico staff de traductores que la agencia tenía: Luis Portillo, Teresa Magal, Josep Manyé, Elisabeth Aldabaldetrecu y Frances Kaye, entre otros.

Una larga lista de periódicos sudamericanos serán los receptores de estos trabajos: El Mundo (Buenos Aires), Rivadavia (Córdoba), Última hora (La Paz), El Mercurio (Santiago de Chile), El Sur (Concepción), El Liberal (Bogotá), Diario de Costa Rica (San José), El Comercio (Quito), Nuestro Diario (Guatemala), La Nueva Prensa (La Habana), El País (Asunción), Oiga (México), La Esfera (Caracas), aparte de los citados por Chaves en sus cartas El Tiempo, de Bogotá; El Nacional, de México; La Noche, de Chile; Bohemia, de Cuba; La Nación, de Buenos Aires; El Liberal Progresista, de Guatemala; Excelsior, de México; O Globo y Fohla da Manhá, de Brasil, y algún otro.

Lo cierto es que estos artículos eran del mayor interés por reflejar la vida cotidiana de Londres en tiempos de guerra y formaban parte importante de la batalla de la propaganda, encaminada a conseguir la complicidad de los países latinoamericanos como posibles aliados. A partir de 1943 se produjo un enfriamiento en la propaganda antinazi, lo que hizo decaer la confianza de los exiliados en la ayuda de Inglaterra para restaurar la democracia en España.

En 1943, una vez concluida la relación con la empresa APPA, Chaves se estableció por su cuenta en el 54 de la misma calle, aunque la agencia llevaba su nombre, Manuel Chaves Nogales, e inició una nueva línea de atención, siempre sobre personajes que se hubieron distinguido por su carácter abierto, liberal y comprometido, relacionados con la literatura y/o el periodismo, realizadores de hazañas culturales en América Latina y conocedores ellos mismos de la experiencia del exilio o la permanencia en Inglaterra, como José Joaquín de Mora, Andres Bello y Francisco Antonio Zea.

Los españoles, como queriendo hacerse perdonar el ser exilados de su patria, se esforzaban en sus trabajos respectivos, no sólo con miras a la supervivencia económica, sino a la excelencia profesional. Y no fueron pocos los que destacaron en sus quehaceres respectivos, como Arturo Duperier, que había inventado un aparato capaz de registrar y contar los rayos cósmicos. O como las de la profesora de Fisiología Margarita Camps. También desarrollaron una importante labor como redactores y traductores José Antonio Balbontín y Vicente Álvarez Buylla. En el ámbito musical, Eduardo Torner y el maestro Gerhard cosecharon grandes éxitos. The Dolphin, la editorial de Juan Gili, acababa de editar Ocnos, de Luis Cernuda. Otros como el historiador Antonio Ramos Oliveira, J. Rodríguez Olazábal (expresidente de la Audiencia de Valencia), Domínguez, Máscaró y Luis Portillo (profesores de Universidad), Silverio de la Torre (ingeniero), Antonio Soto (periodista), se acabaron incorporando con éxito a la vida inglesa.

Chaves realiza una importante actividad colaborando en estos círculos de exiliados, como hizo en el Homenaje a México, que estuvo organizado por los grupos de españoles emigrados en Bran Bretaña y se celebró en el Hotel Bonington el 19 de diciembre de 1943. Los exiliados españoles manifestaban así su gratitud al gobierno de Lázaro Cárdenas por la generosa acogida que había prestado a los republicanos españoles que marchaban a aquel país, y en agradecimiento por el ejemplar comportamiento del pueblo con la emigración española. O pocos días después, a finales de diciembre de 1943, se organizó otro homenaje, esta vez a Galdós, convertido en un referente liberal de primer orden.

Durante los años 1942 y 1943 colaboró con la BBC, cuyos programas radiofónicos fueron fundamentales durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, ya que sus informaciones eran tomadas como árbitros de las situaciones.

En septiembre de 1943 sufrió un accidente de tráfico y su salud sufrió un fuerte deterioro. Surgieron problemas digestivos, pero no les prestó mucha atención y continuó con su apretado ritmo de trabajo.

De forma un tanto inesperada murió Manuel Chaves. Según certificado de defunción, la muerte se produjo en el número 39 de Royal Avenue, sud-distrito de Chelsea, el 8 de mayo de 1944, a la edad de 47 años, siendo las causas de la muerte: Dilatación aguda del estómago, peritonitis, jejunostomía y sarcoma.

Los amigos y el personal de la agencia acordaron hacerle un funeral religioso en atención a los posibles deseos de la familia, aunque él nunca había manifestado interés por estos temas. Se eligió la Spanish Church. Ofició la ceremonia el también exiliado padre Alberto Onaindía, conocido en las tareas informativas con el seudónimo de “James Masterton”.

El hermano de Manuel, José, que vivía en Sevilla y protegía a la familia refugiada en El Ronquillo, supo de la muerte por la BBC, y también a través del diario España, de Tánger, que publicó una necrológica. Antonio Soto, buen amigo y compañero de Chaves desde los tiempos de “Heraldo”, informó por carta a la familia de la muerte. José envíó una esquela mortuoria al periódico ABC de Sevilla, pero la censura impidió su publicación. La noticia se difundió, por el contrario, en periódicos de todo el mundo. Como otros muchos exiliados, nunca volvió a España. Sus restos permanecen en Inglaterra, en el cementerio de Fulham, North Sheen y Mortlake en Richmond, Kew, donde fue enterrado el día 11 de mayo de 1944. Así figura en el registro. Tumba CR19. Pero, como una maldición aún mayor, a los rigores del destierro se une en su persona otra penosa circunstancia: la tumba de Chaves Nogales no tiene lápida. El espacio sigue vacío entre dos enterramientos. Y el árbol que le daba sombra ha sido talado a ras de tierra.

En uno de esos días de hemeroteca en Colindale, cuando la decepción de la búsqueda inútil nos lleva en una especie de ebriedad a mover los periódicos hacia atrás y hacia adelante, en un gesto mecánico y casi somnoliento en el aprovechamiento del tiempo que queda para cerrar, me puse a hojear El Tiempo de Bogotá de enero de 1944, en búsqueda deseperanzada de alguna noticia de cierre. Y encontré un último artículo firmado por el periodista. Hablaba de la vida en Inglaterra de Francisco Antonio Zea, líder civil de la independencia colombiana, amigo y consejero de Bolívar, revolucionario, humanista y embajador de Colombia en Europa, que acabó sus días en la ciudad balnearia de Bath, a donde se había desplazado Chaves siguiendo sus huellas. Llegó Zea a la ciudad inglesa desengañado de la política, enfermo de cuerpo y espíritu. Su mujer y su hija estaban en París y fueron llamadas en el último momento, pero no llegaron a tiempo de servirle de compañía. “La colocación de la lápida en su tumba quedó aplazada y, luego, el tiempo, las circunstancias familiares difíciles y el descrédito político que se abatió injustamente sobre la gran figura, dejaron incumplido este piadoso y elemental deber”. Chaves habla de Zea, pero podría hablar de sí mismo, cuatro meses antes de que la historia se repitiese con él paso a paso. Tampoco se puede saber dónde está la tumba de Zea, aunque, como apunta el periodista, “no es aventurado suponer que en el espacio comprendido entre los dos sepulcros con lápida señalados en el registro tiene que hallarse el lugar preciso donde reposan los huesos del gran colombiano”. Tal es la situación de Chaves. “Sólo unas obras de excavación podrían dar la certidumbre”. “Aquí murió, aquí fue enterrado y ni una sencilla lápida queda para recordar su paso y señalar el lugar donde reposan sus cenizas”, apunta de Zea Chaves Nogales. Podría valer para ambos.

En este paralelismo misterioso y premonitorio de un periodista que cuenta de otro como podría contar de sí mismo, en una inquietante profecía, el colofón del relato de Zea acude a nuestra atención: “Como en Inglaterra todo tiene un fuerte sentido de continuidad y el ayer no llega a ser nunca absolutamente inactual, la investigación histórica toma fácilmente el aire de un reportaje de actualidad”.

Quiero concluir manifestando mi satisfacción por la celebración de este homenaje, reconocimiento 67 años después de su muerte, del trabajo realizado por el extraordinario periodista español en esta nación, a la que tanto amó y admiró y cuya manera de entender la labor periodística fue siempre su primer referente.

*Los Exilios españoles en Gran Bretaña 2: Manuel Chaves Nogales
Instituto Cervantes, Londres, 2 de junio de 2011.

www.manuelchavesnogales.info

 

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