Artículo histórico

La Doctora Elisa Soriano y el feminismo en los años 20

ImageCarmen de Burgos

Con ella comienzan nuestras entrevistas. La doctora Soriano es una de las figuras más interesantes de nuestra intelectualidad femenina. Muy joven, llena de entusiasmo y fe, de un espítiru muy moderno y un cerebro sólido y ágil, puede mirar cara a cara sin arredrarse al porvenir. Actualmente, la doctora Soriano, infatigable trabajadora, es auxiliar de la Escuela Normal Central de maestras, y ejerce con cariño y éxito su profesión de médica. Nos recibe amablemente y contesta nuestras preguntas sin vacilar, con la precisión de quien ha meditado repetidas veces sobre el asunto y tiene ya formada su opinión.

–          ¿Le parece a usted bien que se conceda a las mujeres el voto para las elecciones municipales, y en qué condiciones?

–          Las condiciones en que debe ser concedido el voto femenino para las elecciones municipales son, en mi opinión, las mismas exactamente en las que se le concede al hombre, ya que ambos tienen, como ciudadanos, los mismos deberes, deben tener los mismos derechos, y como han de contribuir a las mismas cargas, deben también aportar sus opiniones cuando se trate de elegir aquellos que les han de regir.

–          ¿Y ese derecho ha de limitarse a las elecciones administrativas, o debe extenderse también a las demás?

–          Las mismas razones que aconsejan la concesión del voto administrativo a las mujeres aconsejan asimismo que se les conceda el voto político. Yo creo que las mujeres deben ser electoras y elegibles para todos los cargos, así políticos como administrativos, exactamente como los hombres.

–          ¿Ese derecho debería extenderse, a su juicio, a las mujeres?

–          En las mismas que a los hombres, como acabo de decir: ninguna limitación especial. Ahora yo creo que en España se impone una limitación del derecho de sufragio activo y pasivo.

–          ¿En qué funda usted esa limitación?

–          En varias razones: una que su instrucción y cultura están extraordinariamente mermadas, otra, que es necesario ir emprendiendo la lucha contra el analfabetismo por derroteros más prácticos que los de juntas y organismos, que para nada sirven, y el derrotero a seguir con el ciudadano es el irle mermando derechos en tanto no sepa leer y escribir, como creo que también se le podrían imponer algunas cargas hasta que aprendiese, con objeto de estimularle.

–          ¿De manera que usted cree que todas las mujeres deben ser elegibles?

–          Sí, en las mismas condiciones de los hombres, como he dicho. Ahora bien, creo que cada individuo debería llevar a las elecciones, cuando se presenta candidato, un programa definido al cual ajustase toda su actividad, y creo también que si no cumplió sus promesas después de elegido no debe volver a elegírsele para este ni para ningún otro cargo. Claro que para eso precisaría que las elecciones en nuestro país fuesen algo completamente distinto de lo que hasta aquí fueron: es decir, que expresaran el sentir de verdad del pueblo, y no los amaños de los gobernantes o los caciques.

–          ¿Supone usted que esa intervención de la mujer en la política activa producirá resultados beneficiosos?

–          Yo creo que la intervención de la mujer en las elecciones ha de dar a estas mayor seriedad y honradez, pues la mujer, al menos en todos los países en los que obtuvo el voto (que es en todos los de Europa menos Francia y España), éste ha sido un hecho evidente. En cuanto a su labor en los cargos de elección, en todos ha sido moralizadora y de protección al niño, al desvalido, al débil.

–          Para terminar: ¿No teme usted que concesión del voto a la mujer favoreciese al menos de momento a las derechas?

–          En efecto: es cierto que el voto femenino en todos los países ha sido siempre programa de izquierdas, y solamente en España es y ha sido siempre más bien de derechas; pero es que en nuestro país los llamados liberales lo son en su grado mínimo, habiendo adoptado este calificativo porque mejor les convenía; no por verdaderas ideas liberales. ¡Se diferencian en tan poco la mayor parte de los programas de liberales y de conservadores de los partidos españoles al uso!

Heraldo de Madrid, 25 de febrero de 1924

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