Investigación

El sacerdote que amaba la República

Dr. Antonio César Moreno Cantano

Junto a importantes religiosos que participaron en el régimen del 14 de abril de 1931, que podríamos englobar cerca de tesis próximas al republicanismo radical y al socialismo –como López Dóriga, Basilio Álvarez o Juan García Morales (alias de Hugo Moreno López)- aparecieron otros sacerdotes que, aunque llegaron a alcanzar la condición de diputados, participaron únicamente en el nuevo sistema político (que algunos de ellos consideraron como el mal menor) para defender al catolicismo de las medidas anticlericales de la II República. Nos referimos, por ejemplo, a Ramón Molina Nieto, Santiago Guallar Poza o Ricardo Gómez Rojí, y muy próximo a ellos, al menos en estas fechas, nuestro protagonista, el canónigo segoviano Jerónimo García Gallego.

El discurso del diputado segoviano presentó una gran complejidad, reflejo de alguien que estaba más inserto en el mundo de la política que en el de la propia Iglesia. Institución, esta última, a la que se enfrentó abiertamente en 1936, cuando por motivos de índole electoral –que no religiosos- fue suspendido a divinis por el obispo Luciano Pérez Platero. Desde ese instante apoyó abiertamente al Frente Popular, lo que le granjeó calificativos (junto a otros personajes como Leocadio Lobo) por parte del Padre Constantino Bayle –uno de los cerebros de la maquinaria católica a favor del bando franquista- como «procuradores de ideales bastardos en pro del capitalismo»[1].

La situación de marginalidad política (no fue elegido diputado en las elecciones de febrero de 1936) y religiosa (privado de poder ejercer cualquier labor sacerdotal a causa de su suspensión a divinis) ocasionaron grandes dificultades de índole material en la vida de Jerónimo García Gallego a partir de la primavera de ese año, que se complicaron aún más durante la Guerra Civil. Como apuntan algunas noticias indirectas, que no hemos podido corroborar con el documento en mano, realizó una intensa propaganda política, con discursos y por medio de la Radio, en Madrid durante 1936. Su pista se pierde hasta principios de 1937, momento en el que un grupo de sacerdotes, políticos y escritores católicos, integrado por Leocadio Lobo, José Manuel Gallegos Rocafull, Jerónimo García Gallego, Ángel Ossorio y Gallardo, Claudio Sánchez Albornoz, José Bergamín, José María Semprún, José Carner y Eugenio Imaz, remitieron a diferentes diarios europeos de gran tirada, como The Manchester Guardian o Esprit, un manifiesto[2] en el que alzaban la voz por los recientes bombardeos sobre Madrid.

La salida de España de Jerónimo García Gallego y su establecimiento en Francia se documenta a principios de febrero de 1937, gracias a la mediación del ministro Manuel de Irujo. Las razones de esta marcha fueron de índole personal y económica: «Don Manuel Irujo se ha interesado a mi favor para las gestiones del pasaporte desde Barcelona… se ha portado muy bien conmigo para poder trasladarme a Francia. En Madrid estuve varias veces expuesto a ser asesinado. No podía tener allí seguridad ninguna ni tenía tampoco medio alguno de vida»[3]. Las siguientes referencias sobre las actividades de García Gallego a lo largo de la Guerra Civil están vinculadas con el diario La Vanguardia (órgano de expresión del Gobierno republicano tras su instalación en Barcelona), medió a través del cual mostró a la opinión nacional e internacional su postura y opinión ante los principales sucesos relacionados con la contienda bélica, en especial su faceta política. Además, sus colaboraciones con el periódico barcelonés nos permiten suponer que permaneció cerca de la frontera catalana, probablemente en San Juan de Luz, hasta por lo menos 1940, tal y como se comprueba con el telegrama que envió desde Biarritz, en abril de ese año, al Obispado de Osma en respuesta a los comunicados de sus superiores donde le indicaban el fin de su dispensa coral en Madrid, la cual se había extinguido en la primavera de 1936[4].

El primer artículo que rastreamos y de mayor trascendencia, por las razones que a continuación expondremos, data del 26 de mayo de 1938. Los periodistas de La Vanguardia calificaron al sacerdote segoviano como un autor que «ha estado desde el primer momento al lado del Gobierno de la República y ha realizado una noble campaña en favor de la causa antifascista en la Prensa extranjera». Este dato es de gran interés, ya que prueba que pese a su salida de España colaboró activamente con la causa republicana, apareciendo muchos de sus artículos en el diario Le Sud Ouest y Euzko Deya[5]. Su nombre ya había aparecido en importantes rotativos extranjeros, como Esprit o The Manchester Guardian, en enero de 1937. De igual manera, su nombre es mencionado por Antonio Griera -uno de los informadores de Gomá en el extranjero (el más importante fue el sacerdote catalán Albert Bonet[6])- al analizar la opinión internacional de los católicos en junio de 1937. Al hablar sobre Suiza se dice: «los comunistas intensifican su propaganda contra los católicos, contra la España nacional, difundiendo profusamente folletos en alemán y francés con artículos y manifiestos de Ossorio y Gallardo, Semprún Gallegos Rocafull, García Gallego…»[7].

Los artículos que compuso para La Vanguardia durante estos años debían formar parte de la obra La Guerra Civil de España ante la Razón Católica y la Razón Nacional, escrita entre 1937 y 1938 por nuestro biografiado. Y repetimos, se supone porque tras incluir este título en los principales catálogos bibliográficos del mundo[8] no hemos hallado el más mínimo rastro del mismo. Esta infructuosa búsqueda nos lleva a establecer las siguientes hipótesis. Primera, la cita de La Vanguardia supuestamente era correcta, pero se debieron editar muy pocos ejemplares del mismo, lo que unido a su inestable y cambiante posición en Francia, con posterior inclusión en un campo de refugiados y salida hacia América, pudieron hacer que este libro no se distribuyese adecuadamente y se perdiese a lo largo de los años, habiendo desaparecido su pista en la actualidad. Aún teniendo en cuenta todos estos contratiempos, otras obras en peores condiciones se han propagado y, aún no conservándose ningún ejemplar, son citadas o recogidas extractos de las mismas en ensayos posteriores. Por estos motivos, consideramos que esta explicación no resulta del todo satisfactoria. Una segunda hipótesis estaría relacionada con el título del libro y el nombre del autor. Quizás, la obra se publicó pero con un título diferente y utilizando García Gallego un pseudónimo, lo que no ha permitido ubicarla con los parámetros de búsqueda seleccionados. Es otra opción a tener en cuenta, pero abre una gran interrogación, ¿por qué esconderse bajo un apodo si no lo había hecho antes en sus numerosas obras? ¿Acaso su integridad física estaba amenaza en Francia y no quería dejar un rastro al espionaje franquista? La explicación más lógica sería que este libreto nunca se terminó, que tanto el sacerdote segoviano como el periódico catalán avanzaron el título de un escrito que seguramente estaba en gestación, pero por diferentes motivos -como podría ser la falta de medios para su edición- no vio la luz, lo que supone una gran contrariedad para el investigador, que de un solo vistazo hubiese podido tener acceso completo a sus opiniones en el tiempo de la guerra. Esta teoría ha sido corroborada –en parte- gracias a valiosísima documentación hallada en los archivos vascos. En agosto de 1938 Jerónimo García Gallego escribía –como había sido práctica común desde el inicio de la guerra- a José Antonio Aguirre comentándole que «encuentro grandes dificultades para la publicación de un libro, que tengo preparado desde hace ya mucho tiempo, por falta de medios económicos para ello y por falta de las ayudas necesarias para suplirlo»[9]. Aún siendo conscientes de lo complicado de la tarea («las dificultades son formidables en estos momentos por la carestía de papel»), el lehendakari accedió a la petición del sacerdote segoviano, que le demandaba 3000 francos para editar la obra en Barcelona. Pocos días después, su secretario particular, Pedro de Basaldua, mandaba esta cantidad al domicilio de García Gallego en Biarritz. Entonces, ¿por qué no se llegó a publicar este título? Seguramente el mismo se encontraría en imprenta cuando las tropas franquistas entraron en la capital catalana, haciendo desaparecer un manuscrito que, entre otros contenidos, recogía «una contestación expresa a la Carta Colectiva de los Prelados»[10], y que como constataba Camiña, «no sé lo que pueda costar hacer la publicación de esta parte y mucho mejor si se tradujera al francés… nada he visto parecido, ni nada creo llegaría más profundamente al alma del pueblo»[11].

Años después, en plena guerra mundial, su situación empeoró radicalmente como consecuencia de la derrota francesa en junio de 1940 ante las tropas del Tercer Reich. Con la firma del armisticio de Compiègne y el establecimiento del régimen de Vichy, se promulgó una nueva legislación de carácter persecutorio y excluyente con los extranjeros en suelo francés. García Gallego fue, a raíz de todo ello, detenido (o recluido) por las autoridades francesas, que lo trasladaron a un campo de concentración cercano a la ciudad colonial de Casablanca, seguramente el de Sidi-el-Ayachi (a sólo 80 kilómetros de este enclave), dedicado a la reclusión de extranjeros. Por intersección del Gobierno mexicano fue aceptado, junto a otras destacadas figuras republicanas como Cipriano Mera (Comisario General de Milicias en la Guerra Civil española), para refugiarse en ese país.

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[1] BAYLE, C.: ¿Qué pasa en España? A los católicos del mundo. Salamanca: Delegación del Estado para Prensa y Propaganda, junio de 1937, p. 63.

[2] Reproducido el 27 de enero en La Vanguardia y, más adelante, dentro del folleto propagandísticos El catolicismo en la España leal y en la zona facciosa. Madrid, 1937, pp. 27-28.

[3] Archivo General Militar de Ávila (en adelante, AGMAV), c. 69, 5,1. «Correspondencia. Cartas entre D. Jerónimo García Gallego y D. José Antonio Aguirre», 11 de febrero de 1937.

[4] Boletín Oficial del Obispado de Osma, «Declaración de vacante», 9 de julio de 1940.

[5] «Le recomiendo lea los dos últimos artículos publicados en el Sudoeste sobre el testamento de José A. Primo de Rivera, me parecen sencillamente formidables y que su divulgación produciría un gran efecto sobre todo si pudiera introducir en España». Archivo Alberto Onaindia. «Carta de José Camiña a Alberto Onaindia», 30 de noviembre de 1938.

[6] MORENO CANTANO, A. C.: «La propaganda exterior católica del bando franquista durante la Guerra Civil española: el protagonismo de Albert Bonet», en MORENO CANTANO, Antonio César (Coord.): Propagandistas y diplomáticos al servicio de Franco (1936-1945). Gijón: Ediciones Trea, 2012, pp. 179-212.

[7] Archivo Gomá. Documentos de la Guerra Civil, Vol. VI, Edición de ANDRÉS-GALLEGO, José y PAZOS, Antón María, Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2005-2011, Anexo 2, doc. 6-99, 12 de junio de 1937, p. 152. El subrayado es nuestro.

[8] Por ejemplo, la Biblioteca del Congreso de los EE.UU., la Universidad de Harvard, la Biblioteca Nacional de España, la Biblioteca Nacional de Francia…

[9] Archivo de la Fundación Sabino Arana, Archivo del Nacionalismo (en adelante, AN), Donaciones Particulares (DP), 0215-01. «Carta de Jerónimo García Gallego al Excmo. Sr. Dn. José Antonio Aguirre», 30 de agosto de 1938.

[10] Archivo de la Fundación Sabino Arana, AN-DP, 0215-01. «Carta de Jerónimo García Gallego al Excmo. Sr. Dn. José Antonio Aguirre», 30 de agosto de 1938.

[11] Archivo Alberto Onaindia. «Carta de José Camiña a Alberto Onaindia», 20 de noviembre de 1938. Agradecer a Iñaki Goiogana el acceso a esta documentación inédita, pendiente de publicación.

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