Octubre 1934

La suspensión del Heraldo en octubre del 34 llevó a cuadruplicar la tirada

Gil Toll

El 1 de octubre de 1934, el líder de la CEDA, José María Gil Robles, pronunció un duro discurso en el Congreso de los Diputados retirando la confianza al gobierno del radical Ricardo Samper por su gestión del conflicto de competencias con Cataluña.

Los dos días que siguieron estuvieron ocupados por contactos políticos entre Gil Robles, Lerroux y Alcalá Zamora. Se perfilaba, una vez más, un gobierno presidido por el líder radical, pero esta vez con la participación de ministros de la Ceda. Ésta era la información esencial que contenía el ejemplar de Heraldo de Madrid del día 3 de octubre, lleno de artículos apresurados, a veces contradictorios, pero esencialmente informativos, sin el lastre de las consignas políticas de los días de las elecciones y ciñiéndose a los hechos.

El ejemplar del día 3 sería el último en publicarse hasta el día 15 de octubre. En medio tuvieron lugar grandes acontecimientos políticos. En primer lugar, el día 4, el anuncio del nuevo gobierno de Lerroux con 3 ministerios en manos de la Ceda, carteras poco políticas como Justicia, Agricultura y Trabajo. Inmediatamente, los socialistas llamaron a la huelga general en toda España y esa debe ser la causa de la no publicación de Heraldo de Madrid el mismo día y algunos de los sucesivos. El resto de los días de ausencia del periódico hay que atribuirlos a la suspensión ordenada por el nuevo gobierno, que también implantó de nuevo la censura previa.

El día 6 de octubre, el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, sobrepasado por el sector radical de su partido, que encabezaba el propio consejero de Gobernación, Josep Dencàs, proclamó el Estado catalán en el marco de una República Federal y llamó a las fuerzas republicanas a constituir gobierno español en Barcelona. Cuando quiso convertir su proclama en hechos, llamó al capitán general Batet y le ordenó que pusiese el Ejército a las órdenes de la Generalitat. Batet pidió instrucciones a Madrid e inició la represión del movimiento político catalán con la salida de las tropas a la calle y la toma de las instituciones. Los radicales catalanes no contaron con el apoyo ni de la CNT ni de la Unió de Rabassaires, que no pisaron las calles barcelonesas. En los enfrentamientos murieron unas cincuenta personas. Dencàs acabó huyendo por las alcantarillas mientras Companys era detenido y encarcelado.

La huelga convocada por los socialistas en toda España tenía un éxito singular en Asturias, donde recibía el apoyo de la CNT. Los mineros tomaron en sus manos la provincia completa y proclamaron la República Socialista de Asturias, llegando a plantearse el envío de una columna a Madrid.

El gobierno reaccionó enviando al Ejército y poniendo al mando de cuatro columnas de legionarios y regulares venidos de África al general Francisco Franco, que ya había participado en la represión de la huelga de 1917 en la misma región asturiana.

La acción del Ejército fue sangrante y provocó entre 1000 y 4000 muertos según distintas valoraciones.

En Madrid los incidentes fueron menores, pero se respiró tensión durante muchos días. La noche del 6 de octubre, un grupo de periodistas de Heraldo se reunió en el restaurant Barrachina, de la calle del Príncipe, desde donde siguieron por radio los acontecimientos de Barcelona. Carlos Sampelayo describió la velada en su novela autobiográfica y mencionó como acompañantes al director del periódico, Fontdevila, al poeta García Lorca y el escritor Carranque de los Ríos, ambos colaboradores del periódico. También estaban el pintor Antuñano, el actor Felipe Salgado y un grupo de jóvenes de la residencia de estudiantes.

Nadie se atrevía a salir a la calle porque se escuchaban disparos desde diferentes ángulos. El plan era aguantar hasta el amanecer y entonces salir y caminar con los brazos en alto, confiando que el gesto de rendición les eximiría de convertirse en blanco de los francotiradores. Al parecer, en los días de violencia de aquellos años, ésa era una forma habitual de caminar en las calles de la capital de España.

El tiempo lo pasaron entre recitales de poesía, discusiones políticas y un sarao flamenco que se improvisó al entrar en el local un grupo de cantaores y bailaoras. Tan bien se cantó y bailó, según Sampelayo, que, en un rapto de entusiasmo, Federico se rasgó las solapas de la chaqueta de arriba abajo.

La velada acabó sin más incidentes al salir el sol y comprobar que en las calles se podía andar con seguridad. Una vez en la Castellana, el grupo se vio sorprendido por el canto de una joven pordiosera que se atrevía con una jota mañanera “cuando vuelva de la siega…”

El día 15, Heraldo de Madrid informaba, bajo censura previa, en páginas interiores, de la situación en Asturias, Cataluña y otras zonas del país donde se había seguido la huelga o se habían producido detenciones, como la del socialista Largo Caballero en Madrid.

En las jornadas siguientes la portada de Heraldo llevaba la advertencia de la censura previa de forma destacada. El 19 de noviembre se llegó a rotular “No nos es posible hoy publicar nuestro artículo de fondo”. Otro elemento reiterado en la primera página eran las alusiones polémicas a la prensa de derechas, especialmente ABC que, a su vez, hacía referencias provocativas a Heraldo y la prensa de izquierdas, a la que acusaba de defender el movimiento revolucionario de forma solapada.

Lo cierto es que la censura no permitía publicar informaciones completas de los sucesos de Asturias y Cataluña. Los artículos que aparecían tenían una evidente falta de concreción en lo que se refiere a la represión del movimiento. Algunas entrevistas a testigos presenciales insistían en situar los acontecimientos en su justo término y en desmentir acusaciones de crueldad extrema por parte de los revolucionarios.

Respecto a las consecuencias legales de los procesos abiertos, con muchas peticiones de pena de muerte, Heraldo se pronunciaba a favor de la clemencia y comparaba la situación con la generada por la sanjurjada de 1932, que tuvo mínimas consecuencias penales para sus protagonistas.

Los meses que siguieron fueron de gran inestabilidad política en el gobierno por las diferencias en el seno de las fuerzas conservadoras. Tres gobiernos distintos se sucedieron en 1935 sin que Gil Robles llegara a la presidencia del ejecutivo y el máximo rango que tuvo fue el de ministro de la Guerra.

Heraldo fue nuevamente suspendido de publicación en febrero y por tres semanas estuvo ausente del mercado. En aquellos días, la comisión de industria y comercio dio el visto bueno a la ley que subía el precio de los periódicos de 10 a 15 céntimos. Una decisión que Heraldo atacó duramente desde sus páginas llegando a desafiar al gobierno con no cumplir la subida hasta que le fuera impuesto. El retorno a las calles fue un gran éxito de público, que identificaba el periódico con las ideas republicanas de izquierdas. Según una nota del 4 de marzo, el número correspondiente a la reaparición de Heraldo cuadruplicó la tirada habitual del periódico.

La descomposición política de fines de 1935 desembocó en la convocatoria de unas elecciones para el 17 de febrero de 1936. El gobierno de Portela Valladares restauró el orden constitucional para recibir el proceso electoral y se levantó la censura previa de los periódicos el 8 de enero. Fue la oportunidad ideal para Heraldo de Madrid de hacer balance de los últimos dos años de gobierno.

 

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