Vuelta a Europa

El espíritu comercial en la Rusia soviética

Manuel Chaves Nogales

La revolución estaba en inminente peligro. Los poderes públicos habían combatido ferozmente a los comerciantes y a los industriales que dentro de la teoría marxista representaban la explotación del trabajo humano por medio del capitalismo; pero después de extirparlos se encontraron los soviets con que eran incapaces de sustituirlos; no había manera de restablecer la producción, distribución y venta de los artículos más indispensables para la vida. Entonces Lenín, dando un paso atrás, creó la N.E.P. (la Nueva Política Económica) a cuyo débil amparo los comerciantes retornaron. Después de haber sido perseguidos implacablemente los comerciantes volvían para salvar la revolución.

Este humilde comerciante que todas las mañanas abre su tiendecita, dispone cuidadosamente sus chucherías en el escaparate y se sienta detrás del mostrador a esperar melancólicamente a los problemáticos compradores es uno de los tipos más emocionantes de Rusia. Cuando abre su tiendecita no sabe qué calamidad va a traerle el nuevo día. Puede esperar que de un momento a otro le confisquen sus pobres géneros, le insulte la muchedumbre o le encarcelen en los sótanos de la G.P.U. El comerciante, este pequeño y humilde hombre de la tiendecita, es el paria de la Rusia soviética.

Empezó el régimen bolchevique por la abolición de todo el comercio privado. La persecución que entonces se hizo contra los comerciantes fue implacable. Los agentes de la Checa llegaron hasta el extremo de actuar como agentes provocadores del comercio ilegal para poder encarcelar a los comerciantes que no se resignaban a la inactividad. Se disfrazaban de campesinos y tentaban la codicia de los comerciantes ofreciéndoles artículos a bajo precio para su reventa. Si el pobre comerciante se dejaba tentar por su indesechable afán de fuero y entraba a discutirla oferta iba a parar con sus huesos en las prisiones de la Checa, de donde no salía ordinariamente sino para la deportación.

El establecimiento de la Nueva Política Económica, que rectificaba totalmente la actitud del comunismo ante el comercio, dio fin a la época heroica de las transacciones clandestinas. Se permitía al comerciante vivir y comerciar; pero su condición social no mejoraba.

Bajo el régimen de la N.E.P. se tolera al comerciante, considerándolo un mal inevitable; pero se le hace objeto de toda clase de vejaciones e injusticias. El “nepman” es el enemigo del proletariado, que al ejercer ahora la dictadura no tiene ningún escrúpulo en ser duro hasta la crueldad con él. Al “nepman” se le acorrala por todos los medios, se cargan sobre él todos los tributos, se le priva de toda asistencia social, no tiene derecho al voto, se niega a sus hijos el acceso a las universidades. Al lado de cada tiendecita particular, el Estado abre un establecimiento cooperativo que le haga una competencia ruinosa merced a la exención de impuestos y a todas las ventajas de la protección oficial.

Pero a pesar de todo el hombre de la tiendecita, castigado y perseguido siempre, subsiste por un verdadero milagro de vitalidad. ¡Qué formidable fuerza tiene en el mundo el espíritu comercial! De todas las actividades burguesas combatidas por el comunismo es esta del comercio la que con más pujanza retoña siempre.

El comerciante tiene tal capacidad de adaptación a las circunstancias que cuando más segura está la economía comunista de haberlo eliminado más incrustado en ella se lo encuentra.

En la actualidad el “nepman” ve claramente que no puede luchar con la cooperativa del Estado; ante el régimen de desigualdad de impuestos la tiendecita privada sucumbe. Pero el comerciante no desaparece nunca; se transforma en agente de compras para la cooperativa y dentro de ella sigue trabajando, guiado única y exclusivamente por su afán de lucro personal, que al fin y al cabo encuentra el modo de satisfacerse. Así se da el caso de que la cooperativa caída en manos de comerciantes pierde su virtualidad y el comprador advierte un día que ha de pagar tan caras las cosas en el establecimiento cooperativo como en la tienda privada.

Cuando se constituyen sociedades de comercio al por mayor el Estado se queda con el cincuenta y uno por ciento del capital; mas no por esta intervención deja de subsistir el lucro personal. El “nepman”, perseguido, vilipendiado, privado de todos los derechos políticos y de toda consideración social, llega siempre a hacerse con la verdadera fuerza: el dinero.

Para evitar este retoñar incesante del espíritu burgués los bolcheviques tendrían que hacer una revolución cada cinco años. La burguesía retoña siempre y cada vez bajo disfraces más hábiles. El final de esta lucha, que es el final de la revolución, es una locura intentar preverlo. ¿Se perderá el espíritu comunista arrastrado tras una máscara cualquiera del espíritu burgués? ¿A fuerza de disfraces y evoluciones llegará el espíritu burgués a convertirse a su pesar en comunista?

¡Quien sabe! Yo he visto en las calles de Moscú los escaparates de estas tiendas tan perseguidas por los bolcheviques presididos por grandes retratos de Lenín o Stalin que estos humildes comerciantes envolvían en una orla de seda roja. Ya sé que se trata de una ficción, que el comerciante no siente ninguna admiración por los “leaders” del comunismo. Pero este buen hombre de la tienda es tan dúctil, tan maleable, tiene tanta facilidad para adaptarse… ¿En los países monárquicos no se les hace monárquicos a base de colocarles retratos de los reyes, y en los republicanos no se convierten a la república por la sola sugestión de las alegorías cromolitográficas del republicanismo?

Los soviets están haciendo ahora en todo el mundo una gran propaganda para atraerse a los comerciantes e industriales de los países capitalistas por medio del régimen de concesiones. Pero como la legislación soviética no ofrece ninguna garantía a los concesionarios estos demandan antes de establecerse la extraterritorialidad de sus concesiones. Pero como la legislación soviética no ofrece ninguna garantía a los concesionarios estos demandan antes de establecerse la extraterritorialidad de sus concesiones. Si este régimen prospera se plantearán en Rusia los conflictos internacionales que las concesiones han provocado en Oriente.

El juego es peligroso para los soviets, porque así como el comerciante indígena ha vuelto sumiso y se ha entregado atado de pies y manos a los agentes de la G.P.U. el comerciante alemán o norteamericano tienen detrás a toda su nación.

24/10/1928

 

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