Libros

La oculta historia de las mujeres del 36

Isabel Olesti

Dicen que la historia la escriben los hombres y los ganadores. Ha existido un gran vacío a la hora de hablar del papel de las mujeres en la República, guerra civil y la resistencia en época franquista. Ellas han sido doblemente perdedoras: por mujeres y por republicanas y han estado en silencio muchísimos años. Son mujeres que lucharon por sus derechos en el inicio de la República y que tuvieron que ir al frente en una guerra que no habían buscado, o se quedaron a la retaguardia, en fábricas de armamento, en intendencia o cuidando a los viejos y pequeños de la familia. Mujeres que se exiliaron con lo puesto, con los abuelos y los hijos pequeños, mientras los hombres se quedaban luchando, con la ilusa esperanza de que aún era posible desbancar a Franco. Una vez en Francia sufrieron el rechazo, los campos de refugiados, o, las que volvieron, las prisiones franquista en época de torturas hasta quedar estéril.

En el 1997 un grupo de estas mujeres formaron la asociación “Dones del 36”, y a sus ochenta años empezaron a “hablar”, a explicar su experiencia en institutos, universidades, en centros cívicos, en congresos… Los jóvenes que las oían quedaban de piedra: ¿Por qué les habían silenciado esta parte crucial de la historia de su país? Franco consiguió crear miedo entre las familias, entre vecinos… El tema de la guerra civil era tabú hasta hace cuatro días, y aún lo sigue siendo en algunos pueblos, donde el tiempo no ha cicatrizado historias pasadas.

El colectivo Dones del 36 rompía este silencio casi sesenta años después. Ellas decían que no querían venganza, pero sí justicia. Y que esta justicia se les había negado. Incluso, según su testimonio, habían sido ninguneadas por sus propios compañeros de partido. Es decir: nunca se había valorado el trabajo de la mujer.

Llegó la democracia, y los políticos decidieron otro “pacto de silencio” supuestamente para no abrir viejas heridas en un momento muy delicado de la historia de España. Pero la realidad es que las heridas de esta guerra y todo lo que conllevó, aun no se han cicatrizado. Este era el mensaje de la mujeres que conocí y este era su dolor. ¿Porqué no se juzgó a nadie? ¿Por qué no se habló? ¿Por qué tenían que seguir callando? Tuvieron que pasar muchos años cuando en TV3 empezaron a emitir reportajes interesantísimos de los niños perdidos de la guerra, o de la busca de familiares enterrados no se sabe donde. Los descendientes de aquellos republicanos empezaban a reclamar, se escribían libros, se organizaban actos.

Conocí Les dones del 36 a raíz de escribir una crónica para El País en octubre del 2003. Aquel día me recibió Josefina Piquet, la coordinadora del grupo y la más joven, por eso la llamaban “la nena del 36”. Lloramos más de una vez porque su narración era desgarradora y yo me di cuenta que me habían estafado parte de la historia y que esta historia debía de ser explicada. Me pareció que merecían mucho más que una página de periódico y allí mismo le propuse escribir un libro con sus biografías. Hicieron una reunión y la respuesta fue sí. Las grabé una por una, en su casa, en su entorno. Quería algo más que la simple historia, quería saber como era su familia, donde habían nacido, porqué hicieron lo que hicieron… Yo no soy historiadora, soy novelista: y aunque lo que escribía era pura verdad, lo hacía a mi manera, como si estuviera explicando un cuento. Real, pero aparentemente ficticio, de tan duro. El libro se llama Nou dones i una guerra. Les dones del 36.

Ellas son: Mari Salvo, que estuvo 17 años en prisión por pertenecer a las Juventudes Socialistas y quedó estéril de las palizas recibidas en los calabozos de la DGS de Madrid; Enriqueta Gallinat, una de las primeras militantes d’ERC, activista política a favor de la mujer, amiga de Companys y secretaria personal del último alcalde republicano de Barcelona; Trini Gallego, enfermera madrileña que estuvo presa junto con su madre y su abuela de 90 años sólo por ayudar en un hospital de sangre; Conxa Pérez, militante de la CNT, que estuvo en el frente y, ya en la dictadura franquista, siguió activa en su “centro de operaciones”, un puesto de baratijas en el mercado de Sant Antoni de BCN; Manola Rodríguez, que parió en la cárcel de Alicante, junto a las prostitutas que le ayudaron, y, ya en Barcelona, montó un altillo en el lavabo de su casa del Carmel para esconder a gente perseguida; Emérita Arbonès, que con dieciséis años y recién casada con un alto cargo del POUM, se lanzó en busca de su marido por el frente de Aragón; Victoria Santamaria, una modista sencilla que marchó de casa para ser enfermera en el hospital de sangre de Cambrils y acabó casándose con uno de los heridos, un militar amigo de Lister; Carme Casas, del PSUC, torturada en las prisiones por donde pasó, perseguida cuando ya estaba libre y siempre pendiente de la sentencia de muerte de su marido, encarcelado en Tarragona; Josefina Piquet, “la nena del 36”, que tenia cinco años cuando quedó atrapada bajo los escombros de las bombas de Figueres, camino del exilio junto a su madre. Y durante 50 años fue incapaz de hablar de este trauma, hasta que conoció Les dones del 36.

En el año 2006 decidieron clausurar el col.lectivo por la avanzada edad de sus componentes, pero alguna de ellas siguió dando charlas cuando la llamaban, como Trini Gallego o Mari Salvo, y sobretodo Josefina Piquet, que recorrió los institutos de Catalunya explicando su testimonio y asistió a numerosos congresos de psicología y salud mental de la mano de la psicóloga clínica y psicoanalista Anna Miñarro. Hasta poco antes de su muerte, hace un año. De todo el grupo ahora sólo quedan dos, pero el testimonio de Les dones del 36 debe seguir corriendo porqué, como decía Josefina, “La historia olvida a los que callan.”

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http://www.llibresdelmirall.com/

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