Artículo histórico

Quién era la víctima

Antes de hacer un relato de lo ocurrido y de sus orígenes, consideramos interesante ofrecer al lector la personalidad de la señorita Hildegart Rodríguez, muerta de cuatro disparos por su madre. Hace algún tiempo, muy poco, el colaborador de Heraldo de Madrid F. Galiana Aragonés celebró una interviú con Hildegart. He aquí cómo era y cómo pensaba:

“Ahora veamos cómo responde a las preguntas que en una fría mañana de diciembre le dirigí en su casa de la calle galileo:

  • ¿Quién influyó en su naturaleza para dedicarse a las luchas pro reivindicaciones sociales?
  • Ha sido en mi algo temperamental. Prueba de ello es que apenas con catorce años ingresé en el partido socialista. Desde muy antiguo en mi familia, por el lado materno, ha habido una orientación en este sentido. Mi abuela y mi madre han sido –si no socialistas militantes- defensoras en todo instante de la causa del débil y del oprimido.
  • ¿Sufrió persecuciones por estas ideas?
  • Las naturales en los tiempos de la dictadura en que la inicié. Un registro domiciliario, tachaduras de artículos, interrupciones “dictatoriales” en los actos públicos y tres procesos, uno militar en el que me defendió Jiménez de Asúa.
  • ¿Cómo ve usted la literatura y el teatro de vanguardia y la literatura y el teatro proletario?
  • Me interesa cuanto puede haber de renovación en el teatro de vanguardia; pero prefiero y me emociona más intensamente la literatura y el teatro proletario, porque creo que la evolución del Mundo es unilateral y que acabamos con los héroes para crear una masa –personaje colectivo- donde las individualidades se difuminan en el conglomerado común.
  • ¿Ve usted en el problema político internacional alguna orientación hacia una nueva guerra?
  • Sí. Y ello es lo más lamentable. De cuantos tropezones da la Humanidad, el de una nueva guerra científica, guerra devastadora de multitudes y de ciudades, guerra que nada respeta, me parece el más temible. Y ello no lo evitaremos en tanto los proletarios no abandonen la estúpida consigna de no cooperar en el movimiento pacifista emprendido con el pretexto de tratarse de una maniobra comunista.
  • A qué atribuye que la clase trabajadora esté diseminada, ¿cómo no forman un compacto núlceo colectivista y apolítico?
  • A la orientación que le dan sus dirigentes. El frente único sindical es una necesidad ineludible. La unión apolítica en defensa de sus intereses de clase, prescindiendo de su disgregación en partidos políticos aparte, es la más importante conquista que nos cumple llevar a efecto a los neomarxistas de nuestra era.
  • ¿Qué personajes de la revolución han influído en sus ideas?
  • Perdóneme, amigo Galiana, que no entienda la pregunta. ¿Llama usted revolución a la República española? Si es así, ninguno. Cuando ella vino ya estaba yo desengañada de sus hombres y de sus posibilidades. Si alude a la “revolución”, en su sentido más abstracto y genérico, le diré que no siento idolatrías ni fetichismos.
  • No me refiero al alevín revolucionario español, sino a los revolucionarios de todo el Mundo.
  • En este caso admito que influyeron en mi espíritu los méritos de teorizante de Marx, los revolucionarios de Bakunin y el magnífico organizador de masas de Lenin.
  • ¿Cuál cree usted que es el mayor acierto de la Constitución?
  • Es difícil hablar de los aciertos de la Constitución. Una ley rígida e inmutable en un período elástico y flexible como el nuestro habría de prestarse a ello. Me parecería que el hecho de haber renunciado a la guerra sería algo magnífico si no supiéramos que estamos expuestos a la codicia imperialista de Gobiernos o embajadores, que pueden hacer de este precepto letra muerta.
  • ¿Qué opina sobre el abolicionismo?
  • Ha sido en mí una vieja campaña. Cuando yo tenía once años, -hace de eso seis- empecé a hablar en los mítines de higiene social y abolicionistas, y desde entonces, hasta ver plasmada una parte considerable de nuestro programa en el proyecto que las Cortes van a discutir en breve, se extiende una larga serie de defensas en artículos, libros, tribuna pública, etcétera. He mantenido siempre que el Estado no puede ser el “proxeneta” oficial que reconoce la prostitución como un medio legítimo de vida. Y a ello me atengo.
  • ¿Cuál es el porvenir de la juventud?
  • Hacerse viejos, y por ello mismo reposar los juicios, madurar los conceptos, adaptar los programas, reformar criterios y aprestarse a su vez a ser empujados hacia delante por la nueva generación juvenil que venga a su vez dotada de instinto batallador y compulsivo como la actual.
  • ¿Cuál fué el motivo para discrepar del partido socialista?
  • Dos clases de discrepancias. Una táctica, de disconformidad con la orientación de sus hombres y otra doctrinal, de convicción de la pequeñez del socialismo para servir de cauce a las magnas aspiraciones obreras. Si la táctica ha sido la más resaltada en la Prensa, en el libro con que amojoné mi marcha del partido “¿Se equivocó Marx?” va, ante todo, la razón de mi discrepancia teórica, tanto más importante, porque no es sólo la oposición a la conducta de unos hombres, sino a todo un programa demasiado reducido ya para la amplitud de gentes de acción que exige la masa obrera organizada.
  • ¿Cree usted que la mujer se encuentra capacitada para ejercer sus derechos políticos?
  • Salvo contadas excepciones. La mujer debe ser elegible, porque a ello solo llegarán, pasando por el tamiz de una elección, las que en competencia con los hombres prueben una capacidad independiente de su sexo; pero no electora, porque no ha salido aún del período en que, abandonando al director espiritual o confesor, se acogen al jefe del partido como supremo árbitro de vidas y voluntades. Derechos civiles, sí. Derechos políticos, ahora, no.
  • ¿Cómo ve usted el problema de la enseñanza?
  • Es, sin duda, una gran preocupación del pueblo republicano, pues el problema de la enseñanza está en reformar la enseñanza misma y en formar maestros capacitados, conscientes de su misión educadora, no solamente de niños, sino de pueblos. Y en comprender la enseñanza no como un centralismo inútil y absorbente, sino como una expansión de cultura que haga del maestro en la aldea el consultor y consejero espiritual, el transmisor de los conocimientos adquiridos, de la civilización –cine, radio, Prensa, libros- hasta hacer de la escuela la pequeña luminaria que haga de cada mísera aldehuela un faro revolucionario de la nueva España.” (Heraldo de Madrid, 9 de junio de 1933)

 

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