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La “temible” Constancia de la Mora y el asesinato de Andreu Nin

Inmaculada de la Fuente

Constancia de la Mora Maura (Madrid, 1906-Guatemala, 1950) es un personaje admirado, casi una figura de culto, para lectores, historiadores y feministas que han hecho de su autobiografía, Doble esplendor (In place of Splendor, en su edición norteamericana de1939) un icono. (Incluso a sabiendas de que De la Mora necesitó la colaboración externa para finalizar y publicar sus memorias en Estados Unidos). Como jefa de la Oficina de Prensa Extranjera del gobierno republicano durante la Guerra Civil fue también una figura competente y respetada por parte de los corresponsales de guerra. Pero Constancia de la Mora es también un personaje controvertido, en parte por su personalidad dominante y avasalladora, pero sobre todo por las acusaciones de sectarismo que se han vertido sobre ella (y que le valió la enemistad de su antigua amiga, Zenobia Camprubí) como disciplinada comunista, hasta el punto de insinuarse que pudo formar parte de los servicios secretos soviéticos o colaborar con ellos. Esta supuesta participación como agente secreto, sin embargo, no ha sido demostrada, aunque a más de uno le tiente convertir a esta republicana de clase alta afiliada al PCE en espía soviética. Cuando investigué estos y otros aspectos de De la Mora para La roja y la falangista. Dos hermanas en la España del 36 (Planeta 2006), traté este tema con su primo, el escritor Jorge Semprún Maura (verdadera identidad, como es sabido, de Federico Sánchez), y él también descartó  que su prima Connie de la Mora hubiera sido reclutada como agente. Ciertamente, cualidades no le faltaban: sabía varios idiomas, le gustaba viajar y tenía clase….Pero era demasiado ella misma para recibir órdenes, a pesar de su lealtad comunista, por lo que de haberle sido encomendada alguna misión por parte de sus jefes comunistas (lo que no está acreditado), se trataría de algo esporádico o circunstancial.
Pero a Constancia de la Mora se la involucra también indirectamente en el asesinato por parte de los servicios secretos soviéticos, dirigidos por el general Orlov, de Andreu Nin, lider del POUM, partido marxista de tendencia trostkista, al que Stalin ordenó liquidar. Es el asunto más turbio y grave con el que se la relaciona, y todo ello porque se ha publicado que Nin fue torturado hasta la muerte en un chalé de Alcalá de Henares que usaban de vez en cuando como segunda vivienda el general Hidalgo de Cisneros, marido de Constancia de la Mora, y ella misma. Lo que sucede es que, de momento, no existen pruebas que la involucren en este hecho execrable.
Es evidente que el secuestro y asesinato de Nin fue uno de los episodios más oscuros que empañaron la actuación del Gobierno republicano durante la Guerra Civil, aunque solo fuera por omisión: Un hecho que ejemplifica la división de la izquierda, el encono entre el PCE y el POUM y, como guinda envenenada, el insoportable peso soviético en una guerra a la que los agentes enviados habían venido a ayudar y no a manipular ni dirigir. Entra también dentro de lo posible que Constancia de la Mora, bien por sí misma, como responsable de la Oficina de Prensa extranjera o a través de su marido, militante comunista relevante, tuviera alguna información sobre este hecho truculento, o que recabara datos que pudo o no recibir, o que pudo o no difundir. Pero eso no la señala ni como cómplice ni como instigadora. Ni siquiera su probada obediencia al partido como reciente militante que era durante la Guerra Civil la hacen más responsable de los desmanes de Orlov que a otros miembros del PCE de la época, no menos estalinistas que ella.
Queda el tema del chalé de Alcalá de Henares. Pero ni siquiera se puede asegurar al cien por cien que el chalé utilizado como checa fuera el que usaba Hidalgo de Cisneros para pernoctar durante algunos periodos de la contienda. Cuando escribí La roja y la  falangista, una fuente me aseguró que el chalé de Hidalgo no disponía de sótano ni reunía condiciones para checa, y que es más que probable que fuera otro chalé cercano el utilizado para ese siniestro fin. No obstante incluso aunque algún día se demostrara que Nin murió en el chalé que usaba el matrimonio Hidalgo de Cisneros, no por ello se podía inferir que Constancia de la Mora estaba relacionada personalmente con el caso. Se podrían hacer conjeturas y pensar que los Hidalgo habían accedido a compartir su chalé con los servicios secretos, voluntariamente o por disciplina (no olvidemos que no era una casa de su propiedad, sino una vivienda facilitada por el propio Gobierno a Hidalgo), pero eso no demostraría que De la Mora estaba personalmente detrás de ese asesinato o los que pudieran haber acaecido en Alcalá de Henares.
Lo que sí es plausible es que Constancia de la Mora, al igual que otras personalidades más o menos relevantes o cuadros intermedios del Gobierno republicano, tratara o mantuviera relaciones de amistad con representantes soviéticos o agentes enviados a la contienda que, con el tiempo, adquirirían un protagonismo excesivo y peligroso. Eso le permitía saber cosas que quizás no aprobara o que tal vez sí aceptaba por tratarse de procedimientos “habituales” en una guerra…Pero de ahí a que encubriera decididamente cualquier atrocidad o que ella, como directora de la Oficina de Prensa extranjera, tuviera capacidad de decidir algún ajuste de cuentas habiendo tantos enlaces, agentes, policías y espías sueltos, resulta delirante.

larojatitled

http://www.adoroleer.blogspot.com

© Inmaculada de la Fuente

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