Investigación

Cuando la prensa franquista se convirtió en demócrata

Jezabel Martínez Fábregas

Si algún apelativo viene a nuestra mente cuando se nos nombra la prensa oficial en España durante la Transición, ése es facha, como mínimo. Los estudios que se hicieron de la prensa oficial a lo largo del último tercio del siglo XX han contribuido en demasía a que se estableciera dicha relación conceptual. Todos ellos coincidían en que la que fuera prensa del Movimiento, creada por el Franquismo para la instauración del estado de terror en el país durante la Guerra Civil, fue un órgano de propaganda del régimen hasta el final de la Transición. Sin embargo, no fue así.

La prensa oficial, lejos de mantenerse como un órgano de propaganda del régimen, evolucionó de forma muy considerable desde principios de 1975, pero sobre todo desde la muerte de Franco el 20 de noviembre de ese mismo año. Pasó así de ser el altavoz de la dictadura a arremeter contra todo lo que en el sistema político español aún recordaba al rancio hedor del Franquismo. Así, el diario Pueblo tildó a Arias Navarro de más franquista que el propio Franco[1]; a Suárez de ser el heredero de un régimen que había instaurado el Generalísimo y que, por tanto, carecía de la legitimidad que le habría dotado la soberanía nacional[2]; El diario Hierro de Bilbao acusaba al Gobierno de la UCD de haberse hecho con el poder gracias a las triquiñuelas que el gabinete había sacado adelante con la Ley para la Reforma Política en diciembre de 1976[3]. Al final del período, la evolución de esta cadena de diarios oficiales había sido tan considerable que Arriba terminó proponiendo al PSOE como alternativa a UCD[4]. Muestra de que habían abandonado su función como órgano de propaganda.

arriba pueblo

Sin embargo, ¿cómo pudo ocurrir esto teniendo en cuenta el tipo de prensa del que estamos hablando? En primer lugar, este comportamiento fue posible gracias a la convivencia de distintas ideologías (comunistas, ugetistas, socialistas, centristas, falangistas, franquistas) en las redacciones de la prensa del Movimiento. Por ejemplo, según Fernando García Romanillos, periodista del diario durante la transición, la redacción de Arriba fue, durante este período, la más combativa de la prensa de Madrid, ya que en ella convivían personas de muy distinto signo político.

“[…] uno, le decían el “Tirilla” y era del Partido Comunista, dibujó una hoz y un martillo y no sé si un ‘MUERA FRANCO’ y, coincidió que cogieron –había un retrato de Franco y uno de José Antonio-y cogieron ese día, y el retrato de Franco fue a tomar por saco por la ventana.

[…] llamaron de la Dirección, llamaron a la Dirección General de Seguridad, llamaron a la policía y dieron nombres de quiénes eran los sospechosos de que allí hubiera una célula comunista, que era lo único que admitían. Y entonces, pues entre los sospechosos estaba yo. Lo que pasa es que yo no era del partido comunista, yo era del partido carlista, muy antifranquista, pero no estaba en el partido comunista. Y entonces, cuando yo vuelvo y me entero de eso, voy a ver al director que era Antonio Izquierdo, de los directores que he conocido era de los más franquistas de todos”. (Extracto de la entrevista realizada a Fernando García Romanillos, 18 de octubre de 2012, Madrid, España).

Esta confluencia de personal de distintas ideologías, sin embargo, no sólo se daba en las redacciones, sino en el propio consejo editorial, en el que socialistas, ucedistas, falangistas y franquistas, decidían la agenda informativa a diario. De esta forma, aunque el diario fuera dirigido por un franquista o falangista, que era lo común, la presencia de distintas ideologías en el órgano de toma de decisiones del diario permitió que las opiniones que se vertían en sus páginas de opinión difirieran del punto de vista (pro-gubernamental) que se le presuponía a estas periódicos. A esto hay que sumar una falta de control por parte de las instituciones gubernamentales sobre la prensa oficial, ya que la seguían considerando ‘prensa amiga’, ya que estaban afanados en intentar llevar a España a la democracia, por un largo camino caracterizado por atentados terroristas, secuestros, constantes huelgas, y la sombra siempre constante de un golpe de estado que devolviera a España a la sombra de la dictadura militar.

Fue precisamente este controvertido panorama ideológico existente en el país y trasladado al órgano encargado de toma de decisiones del periódico, el que permitió a los periodistas asumir su rol como agente político durante la transición. Un rol del que a veces ni ellos mismos eran conscientes. Prueba de ello son las declaraciones de Romanillos, quien afirma que la prensa del movimiento fue durante este convulso período de la historia de España el altavoz del Gobierno, aunque ya se podían tratar temas de política, lo que antes era impensable. Sin embargo, no sólo había mayor libertad temática, sino que las críticas contra el Ejecutivo que emprendieron los diarios del Movimiento durante la transición fueron in crescendo hasta llegar a proponer al PSOE como alternativa a UCD en el Ejecutivo. O sea, la prensa oficial pasó de exaltar lo que el caudillo diseñó como sistema político para España a criticar todo aquello que tuviera algo que ver con el régimen. Por lo tanto, las páginas de los diarios del Movimiento se convirtieron en el reflejo de la controversia ideológico-política existente en el país durante este convulso periodo de la historia de España.

Esta nueva perspectiva demuestra, por tanto, la necesidad de una profunda revisión de la historia de la prensa oficial, para su desmitificación como órgano de propaganda del régimen hasta el final de sus días. Asimismo, esto vuelve a traer a colación y reivindica nuevamente la necesidad de recuperar la memoria histórica de las fuentes primarias como un recurso de información fiable para el estudio de la historia, siempre y cuando se le apliquen las técnicas de contraste de la información, garantizando   así la veracidad de los testimonios. En este caso, como hemos visto, las declaraciones de Fernando Romanillos han permitido aportar un punto de vista distinto del que hasta ahora se planteaba para el estudio de la prensa oficial durante la Transición española con el consiguiente enriquecimiento que esto conlleva para la comunidad científica.

Sirvan asimismo estas líneas como homenaje a todos aquellos que, como García Romanillos, lucharon contra el régimen establecido en España, por un país mejor y más democrático teniendo como único arma sus máquinas de escribir.

Los datos de este artículo han sido extraídos de la Tesis Doctoral La imagen del Gobierno en la prensa oficial durante la transición española (1975-1978). Análisis comparativo de Arriba, Pueblo, Solidaridad Nacional, El Pueblo Gallego, Hierro, Sur y Odiel.

[1] Pueblo, 08/03/1976, p. 4. El Puente.

[2] Pueblo, 08/12/1976, p. 9. José María Gil Robles. No exageramos.

[3] Hierro, 10/06/1977, p. 8. José Cavero. El presidente candidato.

[4] Arriba , 05/12/1978, p. 2. Sin miedo al mañana.

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