Artículo histórico

Víctima, sí, ¿pero de quién?

 

A la luz de los esclarecedores y terribles documentos que obran en nuestro poder, y que publicamos muy reducidos a continuación, podemos afirmar que él pobre muchacho Enrique Ruano Casanova, de cuyo suicidio dimos cuenta en nuestro numero de ayer, ha sido, en efecto, una víctima. Víctima, sí. Pero ¿de quién?

De los textos entresacados de las páginas del diario del desventurado suicida se desprende cesadoramente esta triste verdad: Enrique Ruano Casanova—hijo de una familia dignísima y respetabilísima de Madrid— padecía una tremenda crisis depresiva, un invencible complejo de inferioridad, una frustración patética de sus posibilidades intelectuales y el claro sentido de sentirse oprimido, utilizado por otras manos: “Los otros son el infierno”, dice en uno de los párrafos de su diario.

La veracidad del documento queda además avalada por referencias familiares y circunstancias privadas (muchas de las cuales hemos omitido) que nadie, excepto él mismo, podía conocer.

A la luz de los hechos resulta infinitamente despreciable y perverso por parte de quienes le arrastraron fuera de la Ley haber utilizado para la acción subversiva a un pobre muchacho tocado de una clara y típica psicopatía, convirtiéndole en un desarraigado de la sociedad en que vivía. Resulta estremecedora la sensación de verse atrapado en otras manos, como lo revela el infortunado muchacho a lo largo de su patético diario: “Me encuentro vendido”; “siento que me chupan la sangre”; “me siento dominado…

Son afirmaciones desgarradoras. Todo el respeto que nos invade al leer este diario— pues ¿cómo no sentirlo al penetrar en la intimidad de un alma perseguida, y enferma, de un ser acorralado que palpita en la angustia?—se torna indignación y encendida repulsa al ver aprovechada así, tan despiadadamente, su debilidad, su incapacidad para reaccionar y sobreponerse; para romper la red donde estaba cosido.

La detención de los cuatro comunistas, en una de cuyas posteriores diligencias consumó su triste propósito suicida Enrique Ruano Casanova, ha sido pretexto para que los revoltosos volvieran ayer a perturbar gravemente el orden universitario. Banderas rojas con la hoz y el martillo, banderas republicanas, carteles subversivos, Asambleas tumultuarías, agresiones a coches de policía…

Persiste, por tanto, la actitud de violencia de los grupos subversivos. Los incidentes de ayer se suman a la lista de graves sucesos que jalonaron el curso pasado. Al cobarde incendio de la vieja Universidad de San Bernardo. Al asalto del Decanato de Derecho de Madrid, a últimos de octubre. Al asalto, más reciente, del Rectorado de la Universidad de Barcelona…

Lógico es preguntarnos, ante esta serle de violencias: ¿cómo se puede pretender que la sociedad quede inerme, permanezca indefensa, sin intentar, por todos los medios legítimos, la búsqueda, detención y aislamiento de los revoltosos?

Crespones negros han llorado el suicidio de un muchacho. Pero esta muerte, que todos deploramos, ¿a la cuenta de quién hay que cargarla? ¿Puede rechazarla acaso, como obra suya, la subversión? Víctima, sí; ¿pero de quién?

ABC, 22 de enero de 1969

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