Artículo histórico

Brazo maternal

Colombine

La fiebre de las invenciones domina cada vez más. Después de los grandes inventos vienen las aplicaciones con que la electricidad, la mecánica, etcétera tratan de resolver los pequeños problemas cotidianos.

Existe ya un curioso Boletín mensual de invenciones, lleno de cosas ingeniosísimas para facilitar la comodidad.

Verdaderamente, despierta la afición al hogar emplear todos esos aparatos nuevos que simplifican la monotonía de los trabajos. Tienen algo que invita a jugar con ellos, como invita a los niños el arreglar la casa de sus muñecas.

Es agradable tener todo eso. Una habitación transformable, donde los resortes hacen que ya sea alcoba, con su cama y su mesilla de noche, ya se transforme en cuarto de baño, en comedor o en sala de recibir.

Son tentadores estos anuncios que ofrecen un reloj despertador que calienta el desayuno al mismo tiempo que nos llama. Un jarro del que no puede escaparse la leche, porque al hervir esta sube una bola que tapa la vasija.

No es necesario cansarse en batir, ni en picar, ni en machacar. Se hace todo mecánicamente, como limpiar el suelo, cepillar tapices y vestidos y lavar las ropas y la vajilla. Apenas si la dueña de la casa tiene más trabajo que el de enchufar y desenchufar los aparatos a la corriente eléctrica. Está descartado el horror del combustible y aquella santa paciencia necesaria para limpiar las lámparas de petróleo y que no hicieran pico las torcidas.

Y lo mismo que se economiza el espacio y el esfuerzo se economiza el tiempo. Existen las marmitas en las que se guisan en pocos minutos las viandas que necesitaban muchas horas de cocción, y ha desaparecido el peligro de que los guisos se peguen y los asados se puedan quemar.

Conservas y postres preparados dan mayor facilidad. Sin huevos y sin leche resulta la crema de ambas cosas. El caldo se halla en pastillas y el pan no necesita el reciente. Refrescos, bebidas, perfumes, todo es fácil de improvisar con ampollas ya preparadas.

A veces son inventos muy frívolos, muy insignificantes y no menos atrayentes. Pequeñas observaciones, llenas de gracia, de las necesidades diarias.

Un ejemplo de esto es el de las zapatillas de papel para salir del baño, que son muy baratas y no sirven más que una sola vez; pero que evitan el frío en los pies o el tener que estropear el calzado.

Este año las nadadoras llevarán los guantes palmípedos, cuyos dedos, unidos por una membrana de goma, facilitan el ejercicio.

Pero lo más curioso del Boletín de las invenciones es ¡el brazo manual mecánico! Ese miembro artificial se fija en una silla, en una mesa o en una cuna, y gracias a sus articulaciones se le puede colocar en la posición que se desee.

El brazo tiene dos resortes, como los duchadores de aire caliente y frío. Se da al primero y la mano coloca el biberón en la boca del niño; se toca el segundo, y se repliega para mecer blandamente la cuna. Añádase a eso un fonógrafo que le cante al pequeño y la madre o la niñera quedarán sustituidas.

Un espiritual comentarista apunta que quizás no se tarde mucho en inventar el seno eléctrico, lleno de leche esterilizada, a una temperatura constante y con un regulador de consumo.

 

Heraldo de Madrid, 9 de abril de1924

 

 

 

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