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El estafador Filek, el dictador Franco y la prensa incompetente

Gil Toll

Ignacio Martínez de Pisón ha escrito un libro de no ficción sobre una exhaustiva investigación documental dedicada a poner luz sobre Albert von Filek, un estafador profesional que tomó el pelo al mismo Francisco Franco en plena posguerra.
Filek tenía toda una trayectoria de estafas a su Austria natal y también en Italia. Llegó a España en tiempos de la República y se dedicó a birlar el dinero de los inocentes con una sofisticada estratagema basada en la gasolina sintética.
Martínez de Pisón explica que en aquellos tiempos había debate e iniciativas para elaborar combustibles a partir de fuentes alternativas al petróleo. Albert von Filek se movía en este ambiente con el proyecto de elaboración de una gasolina sintética a base de ingredientes totalmente inocuos.
Su método delictivo consistía en registrar en la oficina de patentes del ministerio de industria su invento, que consistía en agua del río Jarama y productos de droguería descritos de forma muy convincente: “alcohol procedente de vinos endebles, jugos o caldos fermentados vinícolas, melazas, remolacha, acetona, naftalina y algodón de pólvora “. Los estafados eran socios del “negocio” de la explotación de la patente que confiaban en las posibilidades económicas de explotar un producto tanto rentable.
Filek estafó un buen número de inocentes con su método. De hecho, adaptaba los ingredientes de su fórmula a las características de sus víctimas. Así, la fórmula que compartió con un valenciano incluía zumo de naranjas y la que sedujo un ama de casa acaudalada utilizaba el “baño maría” como método de preparación.
El estafador se sentía tan seguro de sus capacidades de convicción que, en plena guerra civil, se dirigió a las oficinas de Francisco Largo Caballero cuando era presidente del gobierno y ministro de la guerra. Aquí encontró su límite y Filek fue a parar a la cárcel, donde coincidió con personajes de la futura administración franquista, entre los que destacaba Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco y futuro ministro de exteriores.
Martínez de Pisón se regocija al explicar el bajo nivel de los primeros gobiernos de Franco, que hicieron políticas extraviadas. Como el primer ministro de industria franquista, que fue Luis Alarcón de la Lastra, aristócrata y militar sevillano y que fue visto leyendo con avidez un tratado de economía poco antes de jurar el cargo.
Una de las primeras medidas de Alarcón fue una ley de protección de la industria, que daba a las nuevas inversiones unas deducciones fiscales del 50%, la rebaja de los aranceles para importar maquinaria, una increíble garantía estatal de un 4% de rendimiento mínimo y, la guinda, la expropiación de terrenos para la instalación de la fábrica.
En diciembre de 1939 el BOE publicó el primer proyecto de inversión que se beneficiaba de las ayudas de la nueva ley. Era una Fábrica de Carburante Nacional y la presentaba Albert von Filek.
En las semanas siguientes, la prensa publicó varias informaciones sobre esta iniciativa empresarial, todas servidas por Cifra, el servicio nacional de la agencia Efe. Se afirmaba que la fábrica ocuparía unos terrenos de 200 hectáreas en el municipio de Coslada, que se construirían unos depósitos subterráneos y una colonia de viviendas para los obreros. Ningún periodista comprobó la historia porque venía de fuentes oficiales y nadie las ponía en duda.
Mientras tanto, el propio Francisco Franco caía de lleno en las redes de Filek. Lo explica en un libro Juan Antonio Ansaldo, aviador militar que tuvo altos cargos tras la guerra. Según él, Franco decía que su chofer había usado el combustible de Filek en su coche oficial y que iban a 90 kilómetros por hora. Martínez de Pisón sugiere un entendimiento entre el estafador y el chófer de Franco.
Mientras tanto, sus asesores le intentaban convencer de que era imposible que funcionara, pero sin éxito. Pasaron varios meses hasta que el mes de julio un análisis hecho en un laboratorio oficial demostró que aquel líquido que llamaban gasolina sintética no tenía ningún tipo de poder calorífico para hacer funcionar un motor de explosión.
Una vez descubierta la estafa, el régimen tapó el asunto con mucha facilidad. La obediente prensa franquista no volvió a publicar una línea sobre Filek y al estafador se le envió a prisión sin hacerle ningún tipo de proceso. De esta manera no se tenía que abrir un sumario ni quedaba rastro documental de las causas del encarcelamiento. En 1941 quedó en libertad y se le perdió el rastro definitivamente.

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