Tres jóvenes autores han madurado con los largos años que han dedicado a producir un cómic que retrata la escena cultural de la década de los años veinte en Madrid. Son 282 personajes de la literatura, las artes plásticas, la música, la universidad, el periodismo y otras disciplinas que asoman la cabeza en este collage monumental cocido a fuego lento. Angel Pazos y Alejandro Pérez hicieron el guión, mientras que Tomeu Pinya realizó las ilustraciones de línea clara que aquí ocupan una página entera y allá transcurren de forma paralela como si se tratara de una película.
La trama gira alrededor de un falso movimiento estético creado para vivir del cuento en un ambiente de creatividad cultural que iba del champán a la gaseosa. Los autores anclan el texto a la realidad mediante el recurso a un periódico de la época, Heraldo de Madrid. Así aparecen a lo largo del volumen unas secciones que reproducen contenidos del periódico con la estética original y las medidas lógicamente trastocadas.

Se encuentran textos de José Rocamora de tema costumbrista, de Magda Donato sobre moda femenina o Chaves Nogales sobre los hermanos Quintero, mientras el indeseable César González Ruano se convierte en uno de los personajes de la ficción y actúa con la falta de escrúpulos que le distinguió toda su vida. Los autores reproducen anuncios de la época y aciertan al mostrar los efectos de la censura sobre los textos periodísticos.
La batidora del guión mezcla la trama argumental con el hecho histórico protagonizado por el Heraldo al denunciar la intromisión del dictador Primo de Rivera en la justicia para salvar de prisión a la hermana de su amante, la bailaora flamenca apodada la Caoba. Para superar la censura se publicó un artículo situando los hechos en la lejana Bulgaria con el dictador Zankof como protagonista. Los lectores más avezados interpretaron el código y todo Madrid rió y se escandalizó por el espectáculo.
El resultado de todo ello fue la orden de destierro del político republicano Rodrigo Soriano, que se atrevió a denunciar el caso con todas las letras en el Ateneo de Madrid, y de Miguel de Unamuno, por sus múltiples conferencias públicas en las que ponía a caer de un burro al dictador. Este es el pasaje escogido por los autores del cómic como el clímax final de su historia. Incluyen la ignominiosa nota oficial que explicó la decisión del dictador y también el artículo de González Ruano describiendo el presunto movimiento estético llamado Urismo para declararlo muerto y clamar por el Posturismo como broma intelectual.
La gran Nieves Concostrina abre el volumen con un entrañable e interesante prólogo marca de la casa en el que se recrea sobre el personaje de madame Pimentón, uno de los tantos que hacen su aparición en las páginas del cómic. En el extremo opuesto, un epílogo visita el café Gijón de 1947 y 1957 para reencontar algunos personajes de la vida bohemia cultural de Madrid y conocer a las nuevas figuras artísticas que sobrevivieron a la mediocridad franquista. Un regalo para los sentidos, incluido el sentido crítico.
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