Artículo histórico

El trabajo de los niños. Conchita, Luz y Jesusito…, periodistas…

Josefina Carabias

Jesusito tiene cinco años. Luz tiene seis y Conchita ha cumplido ya siete. Los tres son hermanos y ejercen la honrada profesión de “periodistas” en la estación del Banco de España. Desde las seis de la tarde a las diez de la noche, sus vocecitas finas gritan ofreciendo los diarios madrileños. Jesusito se instala junto al letrero que dice: “Salida a marqués de Cubas”. Conchita, en frente, o sea al lado de la “Salida a Barquillo”, y Luz se queda en el centro, junto a las taquilleras. De este modo no hay viajero del “Metro” que se les escape.

Varios días he intentado charlar con el pequeño “compañero”; pero no hay modo de conseguirlo. No quiere entretenerse, porque es la hora de la venta, y Jesusito sabe que cada descuido es un parroquiano que se escapa. Él me sonríe siempre, porque Jesusito sabe que es preciso ser amable con el público, Pero lo que no le agrada es trabar conversación y perder tiempo; “les affaires sont les affaires”…

Siempre está contento Jesusito; pero ayer parecía estarlo más que nunca. Cuando vino hacia mí, gritando los periódicos, se echó a reír.

-¿Qué hay “peque”?… ¿Se vende mucho?…

Legulal

-¿Cómo?

-Que legulal

Yo, al principio, no lo entendía, pero en seguida me di cuenta de que Jesusito habla con la “ele”; por eso dice legulal en vez de regular. Emplea la “ele” en sustitución de la “erre”; pero a poco de hablar con él se observa que la prefiere a casi todas las consonantes. Para Jesusito el alfabeto castellano se reduce a las cinco vocales y a la “ele”, nada más. Y no crean ustedes que se trata de un defecto lingual. De lo que se trata es de que nuestro pequeño compañero cuenta, como hemos dicho antes, cinco años de edad, y es lógico que la fonética se le resista.

-Con que regular, ¿eh?

-Mi helmana tamién vende papel: vela, allila está.

-Bueno hombre. ¿Y te gusta vender periódicos?…

Jesusito se ríe… Después, ya más familiarizado conmigo, se coge un pie con la mano que le queda libre y me lo muestra satisfecho…

Mila

Quiere decir que mire. Yo, naturalmente, atiendo la indicación y me fijo que Jesusito lleva unos magníficos zapatos y unos calcetines “sport” que quitan la cabeza.

-¡Qué bonitos! ¿Quién te los ha comprado?

-Son de señolito. Me los ha complao mi papá, que ya tlabaja

-Bien, hombre… ¿Y dónde trabaja tu papá?…

-No sé… Pero tlabaja

Al notar que estamos de conversación, las hermanas de Jesusito han venido a unirse a nuestro grupo. Conchita, que es la mayor, me explica lo que no ha sabido explicarme su hermano…

-Es que mi papá estaba parao hace mucho tiempo y ahora va de peón a una obra. Por eso le han comprao unos zapatos a este, y a nosotras también nos los van a comprar.

La segunda permanece callada mientras nosotros hablamos.

-Y tú, ¿cómo te llamas?- le pregunto.

-Yo tengo un nombre mu raro; pero dicen las señoras que es mu bonito.

-Se llama Luz Divina –responde Conchita.

-¡Hola!…

-Pero me llaman Luz na más, porque dice mi madre que eso de Luz Divina resulta mu largo…

-¿Y estáis aquí solos vendiendo los periódicos?

-No. Estamos con mi madre. Mirustelá.

La madre

La madre es una mujer delgada y triste. Está quieta junto al montón de periódicos, y de vez en vez vocea también como sus chiquitines. Desde lejos ha observado nuestra conversación, y cuando me acerco a ella sonríe agradecida.

-Vivimos muy lejos- nos dice, en la calle Nueva del Este, y todas las noches tengo yo que venir con las criaturitas a vender el papel. Me da mucha pena tenerlos que traer andando; pero no hay más remedio. En primer lugar me hace falta que me ayuden. Y además, ¿con quién los voy a dejar? Me da miedo de que se queden solos en casa.

-¿No tiene usted más que estos tres?…

-Nada más. Pero aun así me veo negra para darles de comer.

-¿Viven ustedes sólo esto?

-Hasta ahora, sí. Menos mal que mi marido se ha colocado. Fíjese, señorita, que el hombre ha estado parao nada menos que diez meses. Hace ocho días que le dieron trabajo en las obras aquí del Banco de España.

-En ese tiempo lo habrán ustedes pasado muy mal.

-Nadie lo sabe más que yo. Por mucho que nos afanábamos las criaturas y yo no podíamos sacar lo preciso. Hay muchos vendedores. Sólo aquí en la calle de Alcalá somos un disparate. Y encima de esto, la pena que a uno le da el ver a un hombre joven, trabajador como pocos y honrao desesperarse por no encontrar donde ganar un cacho de pan pa sus hijos. Nadie sabe lo que se sufre con eso, señorita. Porque si se tratara de un holgazán; pero querer trabajar y no tener dónde… es horroroso.

La cara de la mujer, una cara curtida por todos los calores y todos los fríos, se ha entristecido. Por sus ojos pasa la sombra negra de los días de miseria. Súbitamente se alegra después, y dice sonriendo:

-Y menos mal que ha encontrao colocación. Lo primero que hemos hecho ha sido comprar unos zapatos a Jesusito. Descalcito estaba el pobre mío. Por eso le ha visto usted tan contento. No hace más que mirárselos. A las niñas también se los vamos a comprar.

-¿Y por la mañana también vendes ustedes periódicos?

-Yo, sí; pero ellos, no. Los llevo a la escuela, ¿sabe usted?… Quiero que aprendan algo, que se ilustren, para que no se vean de mayores como se están viendo de pequeños.

-¿Y a vosotros os gusta ir a la escuela?…

-Sí, sí -contestan los tres a coro.

-¿Qué os gusta más, ir a la escuela, o vender periódicos?…

-A mí, ir a la escuela .dice la mayor.

-A mí, venir aquí, pero cuando no hace frío –agrega la segunda

-A mí…, no sé –concluye Jesusito. Y ha hecho un gesto muy significativo que parece querer decir: “A mí… ni lo uno ni lo otro…”

-Entonces, ¿vosotros preferiríais quedaros en casa?

-Si se quedara mi madre también, sí –dice Conchita-. Pero eso de que venga ella y nosotros quedarnos solos nos da miedo. Además, que así la ayudamos.

-Pero aquí hace mucho frío…

-Y en casa también –dice Luz.

-Entonces, lo que más os gusta de todo, ¿qué es?…

– A mí estar en la cama…

-Y a mí, lo que a ésta…

-Y a mí, igual…

-¿Más que jugar?…

Los parroquianos

En general, la parroquia de la estación del Banco es buena con los pequeños periodistas. Jesusito tiene un cliente que algunas noches, además de la gorda del periódico, le da otra más para él.

-A mí –dice Conchita-me quiere mucho una señora muy guapa, que viene todas las noches. Me hace así en la cara…

-Y a mí, también- dice Luz-. Es muy buena…

Los pobrecillos hablan entusiasmados de las personas que tienen un gesto, una atención, una caricia, para ellos. Claro que, según explica Jesusito con su media lengua, también hay algunos… que ya, ya… Pasan de largo, corren, se dejan las puertas del Metro abiertas, y cuando él se acerca y les alarga el periódico lo apartan y medio lo atropellan…

-Son más blutos

Cuando los pequeños se dan cuenta de que les vamos a hacer una fotografía, se ponen contentísimos. Jesusito se atusa los pelos precipitadamente, y luego recomienda:

-Los lapatos. Que se vean los lapatos

Después de posar para La Voz vuelven a su tarea más contentos que nunca.

Y ahora, lector, si pasa usted por la estación del Banco de España, fíjese en estos tres chiquitines que le alargan el periódico. Sonríales, hágales siquiera una caricia y no deje de reparar en los zapatos nuevos de Jesusito. Esto a usted no le cuesta nada, y el pobre se pondrá más contento…

(La Voz, 14 de marzo de 1933, p. 3; fotografías de Alfonso que representan a la redactora y a los niños).

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