Investigación

La represión de los periodistas en Málaga durante la guerra dejó decenas de muertos

Laura López Romero*

La represión a periodistas durante la Guerra Civil es un capítulo de nuestra historia que a pesar de haber estado muy extendido en toda la geografía española, cuenta todavía con una escasa historiografía.

El contexto de la guerra posee unas características singulares para el análisis de la represión, por cuanto la primera de las víctimas de toda guerra es la veracidad de la información y los periodistas son su vehículo. La censura, la represión política, los ajustes de cuentas, los enfrentamientos físicos e ideológicos, formaron parte de la conflictividad de la época.

En el caso de Andalucía se estima que la guerra civil costó la vida a sesenta periodistas, unos cuarenta tuvieron que exiliarse y una cifra superior tuvo pena de cárcel. Así mismo, hay que tener que tener en cuenta que más de la mitad de los redactores que trabajaron en el mes de julio de 1936 no pudieron continuar con su profesión al término de la guerra.

En el caso de Málaga, a través de la documentación disponible de la Asociación de la Prensa de Málaga, veterana en su creación en todo el territorio español tras surgir 1882, se pueden extraer datos que ofrecen una primera valoración de la represión a periodistas durante la guerra civil. Una comparativa entre las Memorias de la Asociación de la Prensa de Málaga de 1929 y 1931 con el listado de socios del Montepío de la Asociación de 1937, 1938, 1944 y 1945 arrojan los siguientes datos: 19 periodistas asociados fallecieron en 1938 y 4 más en 1945.

El Golpe de Estado del 18 de julio de 1936 contra la legalidad de la Segunda República dio paso a una cruenta guerra civil, que generó en la zona republicana un clima de tensión social y política, y en la zona ocupada la desaparición de todas las libertades. En el caso de la prensa escrita, las desavenencias proliferaron abiertamente en las zonas republicanas entre los profesionales que ejercían su labor en medios de índole más conservadora frente a los que trabajaban en cabeceras más progresistas y liberales. Bajo este contexto muchos trabajadores de la industria periodística fueron denunciados, perseguidos, detenidos y asesinados, tanto en una zona como en otra. Otros más afortunados consiguieron huir, y continuar en el exilio su labor periodística.

En el caso de Málaga, este fenómeno se desarrolló en dos contextos sociopolíticos diferentes, divididos por la toma de la capital malagueña por las tropas de Franco el 8 de febrero de 1937. Por un lado, la represión de periodistas conservadores durante el año 1936, y por otro, la persecución de profesionales de ideología liberal y republicana tras la caída de la ciudad. Durante el primer periodo destacaría la desaparición de los periódicos La Unión Mercantil, El Cronista y Diario de Málaga y durante el segundo, la desaparición de los periódicos El Popular, Vida Nueva y Julio, entre otros.

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También las provincias de Almería y Jaén junto con Málaga, fueron testigos y protagonistas a la vez de esta doble oleada represora. Un “terror caliente” del verano y el otoño de 1936, dio paso a un “terror frío”, más calculado, más medido.

Una de las primeras investigaciones publicadas sobre la represión en Málaga expone los acontecimientos que desembocaron en la incautación del periódico conservador El Cronista y la muerte de su director, Eduardo León y Serralvo, en septiembre de 1936. Sería este caso sin duda un ejemplo de la primera oleada represora ocurrida en la ciudad antes de la entrada de las tropas de Queipo de Llano. Días antes, otro director, Vicente Davó Casas, del rotativo católico Diario de Málaga, era igualmente ejecutado.

cronista

A partir de febrero de 1937 y bajo gobierno franquista, la represión, ya institucionalizada, volcó todos sus esfuerzos en la persecución de periodistas y trabajadores de las artes gráficas defensores del régimen republicano, recientemente derrocado en la ciudad. Uno de los casos estudiados, directamente relacionado con la muerte de Eduardo León y Serralvo fue la detención y ejecución de Rosendo Márquez Corripio, redactor jefe del diario ugetista Julio, quien fue acusado de participar en el saqueo e incautación de El Cronista y también de estar involucrado en la muerte del director del periódico conservador en 1936.

Dos trayectorias personales que se cruzan un 19 de julio de 1936, fecha en la que se produce la incautación de El Cronista, y que dan pie para el estudio de la profunda brecha ideológica entre los periodistas malagueños de la época. Más tarde, en 1937, a través de la denuncia del hijo de Eduardo León y Serralvo se dibuja un escenario completamente diferente al estar la ciudad bajo mando franquista, y la represión se ha institucionalizado.

Sin duda, un fenómeno aún presente en la actualidad en tantos países de nuestro orbe merece incidir abiertamente en otras vidas pasadas para conocer el relato de los perseguidos y ajusticiados, de los exiliados que pudieron contarlo y de aquellos que con fortuna pudieron salvar la vida pero que jamás volvieron a dedicarse a la profesión de periodista por las circunstancias políticas imperantes.

*Profesora del Dpto. de Periodismo Facultad CC de la Comunicación Universidad de Málaga lauralopezr@uma.es

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