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La prensa que se vendió

Luis Santos Serra*

Este libro describe los primeros años de nuestra democracia, de cómo los medios de comunicación se relacionaron con el poder, con documentos inéditos de una gran fuerza expresiva al ser confidenciales y porque nunca se pensó que verían la luz, que trascenderían. Se verá cómo la derecha de siempre se alió con determinados medios de comunicación, alguno de los cuales jugo su papel en la intentona golpista del 23 F, una derecha que no tuvo el mismo ánimo para aislar a los pro etarras en los medios de comunicación pese a que lo pedía el Rey, mientras que sí se perseguía a los periodistas progresistas.

Suárez y Calvo Sotelo, los dos presidentes del período analizado, 1978-1982, utilizaron a los secretarios de Estado para la Información, para mover la opinión pública. Como dijo recientemente Alejandro Echevarría, directivo de comunicación: ”La prensa escrita es la columna vertebral del pensamiento de un país”. Importancia que se acrecienta si nos fijamos en que España estaba en esos momentos llevando a cabo el proceso de la Transición. Por lo tanto, no era baladí la tarea de condicionar el mensaje de los grandes diarios. La gran cuestión es si se utilizaron métodos no democráticos en el inicio de la democracia para conformar la opinión pública. Pero ahí observamos serias diferencias entre ambos presidentes.

Adolfo Suárez, el primer presidente de la democracia, no tenía confianza en las entrevistas escritas a la hora de reflejar su forma de pensar, prefería la televisión por identificarse más con el tipo de liderazgo que desarrollaba y con cuyo lenguaje estaba familiarizado al haber dirigido RTVE. En esos momentos solo existía una televisión, la española. Sin embargo era un auténtico adicto a los resúmenes de prensa de la actualidad diaria, que devoraba casi antes de desayunar y a las notas confidenciales que le preparaban sus portavoces, los secretarios de Estado para la Información, sobre los movimientos en los medios de comunicación, tanto sobre contenidos como sobre los cambios en su composición accionarial.

Calvo Sotelo no llegó a los dos años el tiempo que fue Presidente del Gobierno tras el intento de golpe de estado del 23-F. Sucedió a Suárez tras su dimisión y por tanto no fue elegido en las urnas. Ese hecho le restó legitimidad y tal vez por eso tuvo comportamientos más oscuros.

Supone Calvo Sotelo una involución en la garantía de que los medios como empresas, y los periodistas en tanto que profesionales, compitiesen en plano de igualdad a la hora de desarrollar su labor en un período decisivo, lo que influyó finalmente en la libertad de expresión y en la calidad democrática.

Oscilará el comportamiento de Calvo Sotelo entre el clientelismo y la condena a muerte de medios no afines, junto a la estigmatización de lo que llamaban la infiltración de la izquierda en las redacciones. Aunque algún elemento, todo hay que decirlo, ya comenzó con Alberto Aza, jefe de Gabinete de Adolfo Suárez quien llegó a confeccionar listas negras de periodistas de izquierda.

He tenido acceso al archivo personal, con la documentación interna, de los Secretarios de Estado para la Información Manuel Ortiz, Josep Meliá, Rosa Posada e Ignacio Aguirre, entre los años 1978 y 1982, antes de la victoria de Felipe González. Un período decisivo para la historia política de nuestro país con   gobiernos de UCD. Cayendo como un rayo, el intento de golpe de estado del 23-F, del que también desvelaremos hechos relevantes en la prensa.

Las notas de Aguirre al nuevo Presidente Calvo Sotelo son más confidenciales y más propositivas que las de Ortiz a Suárez. Le dice al Presidente a que medios hay que apoyar, propone soluciones bancarias y protagoniza con descaro un lenguaje de ataque a la izquierda, en definitiva de estigmatización de determinadas opciones progresistas. Un comportamiento que a lo largo de este libro probamos, es antidemocrático.

Pero no enfrenta de la misma manera Ignacio Aguirre al diario Egin, con las medidas que ha propuesto Marcelino Oreja, Delegado del Gobierno para todo el País Vasco con categoría de ministro, para   asfixiar económicamente al diario pro etarra.

Llovía sobre mojado, porque en su archivo tenía Aguirre la carta que Sabino Fernández Campo, en nombre de El Rey, había escrito a su predecesor Manuel Ortíz.

Resultado, muere definitivamente el diario MADRID y comienza la eutanasia política de INFORMACIONES y PUEBLO, donde se persigue a los periodistas de izquierda y vive EGIN,   con subvención además. Se intenta perjudicar a EL PAÍS y beneficiar a ABC, medio del que por ciento dispone Ignacio Aguirre de sus propios informes, que corrobora el Ministro de Hacienda Añoveros, sobre el gravísimo hecho de que la edición sevillana apoyó el intento de golpe de estado del 23-F.

Pero si los portavoces del Gobierno estaban muy activos en su tarea no lo estaban menos los grandes directivos o empresarios de la comunicación, jugando sus bazas no solo para posicionar las cabeceras, sino para instalar su propia capacidad de influencia en la política, aprovechándose de la necesidad que existía de mediadores, de avalistas independientes ante la opinión pública.

La palma se la lleva el ABC, resumen de todo lo que enseñan en las facultades de periodismo sobre lo que no hay que hacer. El aclamado patriarca de la saga familiar Luca de Tena, Don Guillermo, del que se han sentido herederos, también profesionales de otros medios, no se cohibe a la hora de escribir al Gobierno. No se lo deja a un subalterno, no, lo hace él mismo, y con esa naturalidad que da el poder para que hasta las cosas más rechazables éticamente, se expresen con esa sinceridad interesada.

A Javier Godó, no menos gurú que los anteriores, Presidente de La Vanguardia, se le llena la boca de España, de Bandera, así con mayúscula, de Rey Juan Carlos, y todo para cargar la pluma de las peticiones-subvenciones cuando se dirige por carta a Ignacio Aguirre.

El Secretario de Estado reproduce para el Presidente lo que le dice Antonio Asensio (EL PERIÓDICO-ZETA). Asensio le da garantías al Gobierno de que será crítico, pero lo justo.

DEIA decide hacer su presentación en Madrid, cuando está consolidado entre los once primeros diarios de España. Luis María Retolaza, histórico dirigente del PNV, y en ese período presidente del consejo de administración del diario DEIA invita a los actos al secretario de Estado.

Con respecto a EGIN, el Rey pide que se haga algo y se sorprende de que lleve publicidad institucional, pero después el Portavoz del Gobierno, Ignacio Aguirre deja colgado de la brocha al Delegado del Gobierno en el país vasco, Marcelino Oreja, que había pactado con el resto de medios vascos medidas contra dicha plataforma mediática de los terroristas, ya que no pagaban nada.

Y hemos dejado para el final el Diario EL PAÍS. El diario de Polanco y Cebrián que creció tanto nada más nacer, gozó de buenas relaciones con el Presidente Suarez y terminó en el índice inquisitorial destinado a los periódicos “escorados a la izquierda”, que fomentó Calvo Sotelo a través de Ignacio Aguirre. Y todo con documentos.

No figura Diario 16 entre las fichas de los secretarios de Estado para la Información que han dado lugar a este libro, porque UCD contaba con varios miembros en el Consejo de Administración del periódico (Javier Rupérez, Miguel Doménech, Federico Ysart , Víctor Carrascal, y el secretario de organización de UCD, Pedro López Giménez). Los asuntos los trataban directamente en el Diario, y tenían fuerza para cambiar a los directores.

Y veremos a los bancos, como se incrustan en el mundo de los medios de comunicación, no para buscar rentabilidad económica en los periódicos, inmersos en una crisis, sino para alcanzar influencia política. La Banca estaba detrás de todo lo que se movía en un sistema capitalista tan financiero como era el español. Los bancos Banesto y Central callan ante el incumplimiento de los pagos de ABC. La Banca March hace todo lo posible por entregarle INFORMACIONES a UCD. Y aun sorprende más que el Bilbao y el Vizcaya no le cobrasen a EGIN los créditos.

Ahora que vivimos tiempos en los que cada vez más creemos que solo nos puede salvar un auténtico regeneracionismo político, es también el momento adecuado para ajustar cuentas con aquellos, políticos y periodistas-medios de comunicación, que pervirtieron la democracia y sus resultados. De realizar una auténtica catarsis para que el periodismo que surja de la actual crisis no siga bebiendo de la fuente contaminada que aquí describimos, con episodios que llegan hasta nuestros días.

*Síntesis de la Introducción al libro

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http://www.edicionescarena.org/ecomm/libro/la-prensa-que-se-vendio.aspx

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