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El tortuoso camino de Amalgamated

Thomas W Lawson

Amalgamated Copper fue concebida en 1898, se fundó en 1899 y, durante los cinco primeros años de su existencia, saqueó a la gente por una suma que supera los cien millones de dólares. Fue una criatura nacida de esa incubadora de trusts y de fraudes empresariales, el estado de Nueva Jersey, y se fundó, aparentemente, con la intención de extraer, manipular, comprar, vender y comerciar con cobre, uno de los materiales básicos, de primera necesidad, de la civilización.

Es una corporación con un capital de 155 millones de dólares, 1.550.000 acciones con un valor nominal de 100 dólares cada una. Todas las acciones se vendieron al público a una media de 115 dólares por acción (entre 100 y 130 dólares) y en 1903 el precio se había hundido hasta los 33 dólares.

Desde el principio, se la consideró una criatura de la Standard Oil, porque había nacido en el National City Bank de Nueva York (el banco de la Standard Oil), y sus progenitores fueron las luminarias de la empresa Henry Rogers, William Rockefeller y James Stillman.

Desde su nacimiento hasta su situación actual ha sido responsable de más desgracias que cualquier otro trust o institución financiera habidos o por haber. Por culpa de Amalgamated, mucha gente ha sufrido pérdidas incalculables y ha padecido miserias indecibles.

De no ser por la existencia del National City Bank de Nueva York, las tremendas pérdidas, y los necesariamente correspondientes beneficios, no se habrían producido. Yo tracé el plan sobre el que se levantó la Amalgamated y, de haberse respetado, habría erigido un gran edificio financiero, inmensamente rentable, permanentemente próspero, una de las grandes instituciones del mundo.

Las condiciones que permitieron la creación de Amalgamated surgieron con Bay State Gas. Para explicarlas debo remontarme unos cuantos años. En 1894, J. Edward Addicks, de Delaware, el Omnipresente, el Rey del Gas de Boston, invadió las reservas de gas de la Standard Oil en Brooklyn, Nueva York, y la Standard Oil, para obligarle a retirarse, irrumpió en sus dominios gasísticos de Boston, Massachusetts.

En 1894, se libraba una enconada batalla en Boston entre dos Reyes del Gas, Addicks y el Rey del Gas Rogers, y hasta el aire estaba saturado de denuncias y amenazas —soborno y corrupción municipal por medio— hasta que el rey Addicks fue derrotado en toda regla y tuvo que retirarse después de quedarse sin munición.

A principios de 1895, me hice cargo de las fuerzas de Addicks contra la Standard Oil. A mediados de 1895, los hombres de Addicks habían «puesto en fuga» a los invasores de la Standard Oil. En agosto de 1895, Henry H. Rogers y yo mismo nos reunimos por primera vez en su casa de Nueva York y sentamos las bases para poner fin a la guerra del gas de Boston.

A principios de 1896, la guerra había terminado por completo y la Standard Oil transfirió todos sus valores en el gas de Boston (por una suma de seis millones de dólares) a la gente de Addicks. En octubre de 1896, la empresa Bay State Gas pasó del control de Addicks y sus secuaces a manos de un administrador judicial y, a partir de esa administración y otras complicaciones, en noviembre de 1896, la Standard Oil recuperó todas sus antiguas empresas de Boston, y, además, todas las de Addicks, con la excepción de la Bay State Company de Delaware.

En 1896 yo ya había pergeñado y perfeccionado los planes para Coppers [la empresa de cobre], un proyecto exhaustivo, de amplio alcance, que tenía como base la compra y fusión de los mejores productores de cobre en Europa y América, y pretendía informar al mundo de sus grandes ventajas como inversión segura y rentable.

En 1897, presenté esos planes a la Standard Oil. En 1898, Standard Oil estaba tan convencida de la viabilidad de Coppers que los aceptó. En 1899, Amalgamated, pensada para ser la segunda o tercera sección de Coppers, de repente pasó a ser la primera por decisión de la Standard Oil, y con la máquina a todo vapor salió de la estación del «City Bank» tirando del mayor y mejor tren de pasajeros que jamás ha existido en cualquier vía troncal, encaminándose hacia la destrucción.

En 1899, tras la asignación de la suscripción pública de Amalgamated, la gente, por primera vez, se percató, entre confusa y aturdida, de que estaba «atrapada» en esa suscripción y un estremecimiento recorrió la columna vertebral financiera de América.

En 1900, después de que Amalgamated se hundiera a 75 en lugar de subir a 150 o 200, como se había prometido, la Standard Oil Amalgamated-City Bank Fraternity llamó al rey de los manipuladores de Wall Street, James R. Keene, a su rescate y, bajo sus hábiles manejos de la acción en el mercado, Amalgamated ascendió por encima de su precio de emisión de 100 dólares.

En 1901, Boston & Montana y Butte & Boston, tras un largo retraso, salieron de la estación de la Standard Oil como segunda sección de la Amalgamated, transportando a un numeroso pasaje de inversores y especuladores hacia lo que en aquel momento se creía con seguridad que sería la Utopía del Dólar; y el precio de la nueva Amalgamated ampliada subió limpiamente a los 130 dólares.

Ésas eran las acciones que yo había anunciado originalmente que constituirían la primera sección de una Coppers consolidada y que, después de que la Amalgamated se le hubiera adelantado, anuncié que saldría en su debido momento.

A finales de 1901, el presidente McKinley fue asesinado, y el gran pánico [bursátil] que podría haberse desatado fue evitado por la maravillosa y contundente intervención del poderoso J. Pierpont Morgan. Entonces, el dividendo de Amalgamated, sin previo aviso y en abierta contradicción con los compromisos declarados de sus fundadores, se redujo, y la gente, incluido el propio James R. Keene, se encontró en ese tobogán desbocado que les dejó, magullados y doloridos, a los pies de la decadencia financiera.

Ése, en breve, ha sido el curso de Amalgamated y es ése el camino tortuoso, retorcido, de sube y baja, que les pido a mis lectores que recorran conmigo si quieren conocer la historia tal como es.

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http://www.planetadelibros.com/extra-extra-libro-115742.html

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