Artículo histórico

Antipsiquiatría

 Manuel Baldiz

  1. Justificación.

Estrenamos Sección. Y lo hacemos con el propósito y el afán de ser despiadadamente neutrales y benévolamente demoledores.

Como título o encabezamiento de la Sección hemos elegido el de “Antipsiquiatría” pero podrían haber sido otros muchos de igual valor, sobre todo si tenemos en cuenta que el propio creador del término “Antipsiquiatría” (el psiquiatra inglés David Cooper) ha comentado en su más reciente libro la gran sorpresa que ha supuesto para él la tremenda popularización del neologismo en cuestión. Dicha popularización no ha sido, qué duda cabe, excesivamente adecuada y, a menudo, ha llegado incluso a resultar mistificadora, contribuyendo a incrementar aún más el confusionismo. Sin embargo, como el hablar de “Antipsiquiatría”, a muchos ya permite saber un poco por dónde van los tiros, seguiremos utilizando el epíteto “cooperiano” y, siempre que sea posible, trataremos de darle su justo sentido.

“El hecho de que el término “Antipsiquiatría” haya tenido tanto éxito se debe a la sed de nuevas ideologías por parte del poder establecido, el cual debe crear “nuevas ideologías” de repuesto para conseguir ese consenso que cada vez le resulta más difícil. Efectivamente, hoy en día, el único “consentimiento” que puede conseguir el poder es el que se deriva de la violencia y la represión. Y esto se verifica no sólo en la violencia y en la represión en sentido general y pública, sino, y sobre todo, a nivel de las instituciones destinadas a resolver las necesidades del ciudadano”. (Fragmento de una entrevista realizada a Franco Bassaglia por Giorgio de la Roca).

Una de las instituciones de las que habla Bassaglia es, sin duda, la misma Psiquiatría con todo su edificio conceptual propio y su metodología de violencia encubierta.

  1. Un “boton de muestra”: el Electroshock.

Dentro de la metodología de violencia “cientificada” que se parapeta tras la coriácea e inexpugnable fortaleza decimonónica de la Psiquiatría oficial, existen innumerables procedimientos a los que se añade el adjetivo de “terapéuticos” puesto que pretenden ser diversas formas de “tratamientos” encaminados a recuperar la razón de aquellos que se han internado peligrosamente por los improductivos y esotéricos caminos de la “anormalidad” (o sea fuera de las normas). Entre otros, podríamos citar los choques cardiozólicos, los shocks de insulina, las curas de sueño, los abscesos de trementina, las corrientes farádicas, lobotomías y otras intervenciones sobre el cerebro…y el famoso y archi-discutido ELECTROSHOCK.

Utilizando el Electroshock (o electrochoque, da lo mismo) como “símbolo negro” de la Psiquiatría y su poder, puede sernos de utilidad que sepamos, de boca de prestigiosos psiquiatras mundiales, en qué consiste exactamente:

“Los dos electrodos, impregnados en agua salada y bien exprimidos, se colocan en las dos regiones frontoparietales recubiertas de compresas. A continuación, se administra la corriente de un modo siempre simple pero propio de cada aparato… La fase de espasmo eléctrico ocupa todo el tiempo de paso de la corriente (algunas décimas de segundo). Si la cantidad de corriente que alcanza el cerebro es suficiente, la pérdida de conciencia es inmediata y el enfermo se pone rígido mediante un espasmo generalizado. La fase de latencia comienza en el momento en que se corta la corriente, el enfermo cae sobre el plano de la cama y queda inerte durante algunos segundos en un minuto. La fase tónica puede iniciarse con un grito, pero nunca por la pequeña tos seca de Cardiazol. La fase clónica no tiene nada de característico. La fase comatosa es más o menos larga y se continúa insensiblemente por una fase de sueño. Si el enfermo se encuentra en un ambiente de calma, el despertar espontáneo sobreviene después de un periodo variable de algunos minutos a una media hora”. (Extraído del “Tratado de Psiquiatría” de H. Ey, P. Bernard y Ch. Brisset, pp. 1103 y 1104, de. 1974).

Otro día hablaremos más del Electroshock. De momento, vale la aséptica descripción científica del mismo.

  1. Un llamamiento.

Necesitamos desesperadamente, el contacto directo, espontáneo y vitalista de los que estáis al otro lado de la letra impresa. Por ello, creemos fundamental el que nos escribáis todos aquellos que tengáis algo que decir. En principio, daremos preferencia a todos aquellos que hayan tenido algún “encuentro” con la Psiquiatría en calidad de pacientes mentales (neuróticos, esquizofrénicos, homosexuales, psicópatas, toxicómanos, etc…), hayan sobrevivido a dicho “encuentro” (encierro, tratamiento, etc), y deseen comunicarnos sus experiencias en ese sentido. Y ya que utilizábamos el Electroshock como símbolo o botón de muestra de la tecnificación psiquiátrica de la violencia, creemos que sería de gran utilidad el que opináseis sobre el mismo todos los que deseárais hacerlo, tanto si lo habéis sufrido en vuestro propio cerebro como si no habéis tenido esa “suerte”. Pensamos que ya es hora de que los “locos” tomen la palabra, y vuestras cartas en ese sentido pueden ser algo similar a lo que en otros países ya se viene haciendo desde hace algunos años, es decir, que todos los que en algún momento de su vida hayan sido “psiquiatrizados” relaten sus vivencias, expresen sus quejas y lancen sus gritos de protesta. (En Francia, desde 1969, existen los llamados “Cahiers pour la Folie”, o sea “Cuadernos para la locura”, primera publicación periódica que da la posibilidad de expresarse libremente a la “locura”, potenciando así su faceta contestaria).

Esperamos vuestras cartas sobre la Psiquiatría, el Electroshock y vuestras experiencias personales al respecto, en: AJOBLANCO- ANTIPSIQUIATRIA.

  1. Una carta estremecedora.

Carta a los directores de asilos de alienados.

Las leyes, las costumbres, les conceden el derecho de medir el espíritu. Esta jurisdicción soberana y terrible, ustedes la ejercen con su entendimiento. No nos hagan reír. La credulidad de los pueblos civilizados, de los especialistas, de los gobernantes, reviste a la psiquiatría de inexplicables luces sobrenaturales. La profesión que ustedes ejercen está juzgada de antemano. No pensamos aquí discutir el valor de esa ciencia, ni la dudosa realidad de las enfermedades mentales. Pero por cada cien pretendidas patogenias, donde se desencadena la confusión de la materia y del espíritu, por cada cien clasificaciones donde las más vagas son también las únicas utilizables, ¿cuántas nobles tentativas se han hecho para acercarse al mundo cerebral en el que viven todos aquellos que ustedes han encerrado? ¿Cuántos de ustedes, por ejemplo, consideran que el sueño de demente precoz o las imágenes que le acosan, son algo más que una ensalada de palabras?

No nos sorprende ver hasta qué punto ustedes están por debajo de una tarea para la que sólo hay muy pocos destinados. Pero nos rebelamos contra el derecho concedido a ciertos hombres incapacitados – o no – de dar por terminadas sus investigaciones en el campo del espíritu con un veredicto de encarcelamiento perpetuo.

¡Y qué encarcelamiento! Se sabe – nunca se sabrá lo suficiente – que los asilos, lejos de ser “asilos”, son cárceles horrendas donde los recluidos proveen mano de obra gratuita y cómoda, y donde la brutalidad es norma. Y ustedes toleran todo esto. El hospicio de alienados, bajo el amparo de la ciencia y de la justicia, es comparable a los cuarteles, a las cárceles, a los penales.

No nos referimos aquí a las internaciones arbitrarias, para evitarles la molestia de un fácil desmentido. Afirmamos que la gran parte de sus internados – completamente locos según la definición oficial – están también recluidos arbitrariamente. Y no podemos admitir que se impida el libre desenvolvimiento de un delirio, tan legítimo y lógico como cualquier otra serie de ideas y de actos humanos. La represión de las reacciones antisociales es tan quimérica como inaceptable en principio. Todos los actos individuales son antisociales. Los locos son las víctimas individuales por excelencia de la dictadura social. Y en nombre de esa individualidad, que es patrimonio del hombre, reclamamos la libertad de esos galeotes de la sensibilidad, ya que no está dentro de las facultades de la ley el condenar a encierro a todos aquellos que piensan y obran.

Sin insistir en el carácter verdaderamente genial de las manifestaciones de ciertos locos, en la medida de nuestra aptitud para estimarlas, afirmamos la legitimidad absoluta de su concepción de la realidad y de todos los actos que de ella se derivan.

Esperamos que mañana por la mañana, a la hora de la visita médica, recuerden esto, cuando traten de conversar sin léxico con esos hombres sobre los cuales – reconózcanlo – sólo tienen la superioridad que da la fuerza. (Antonin Artaud).

Ajoblanco, 16 de noviembre de 1976

 

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