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Cuando Charlie Hebdo era antifranquista

Michaël Dias / Gil Toll

El 7 de enero de 2015, dos hombres armados mataron a doce personas en la redacción de Charlie Hebdo, una de las más famosas publicaciones satíricas de Francia. Entre las víctimas se encontraban Cabu y Wolinski, dibujantes históricos del Charlie Hebdo “primera generación” y de su predecesor, Hara-Kiri. Además de los sucesivos presidentes franceses, uno de sus blancos favoritos fue el dictador Franco.

En noviembre de 1970, el gobierno francés prohibe la publicación del semanal Hara-Kiri (periódico tonto y malvado) después de su portada sobre la muerte del general De Gaulle, con este título: “Baile trágico en Colombey: un muerto”. El título hacía referencia a un hecho ocurrido dos semanas antes: 146 jóvenes habían fallecido en el incendio de una discoteca. Con la muerte de De Gaulle, la tragedia que había ocupado las portadas, muchas veces de manera sensacionalista, desapareció de la noche a la mañana.

Pero eso no va a parar a Cavanna, el Profesor Choron y toda su banda. La semana siguiente, lanzan Charlie Hebdo, que seguirá hasta 1982. Herederos tanto de la tradición de la prensa satírica del siglo XIX como del mayo de 1968, Cabu, Cavanna, Wolinski, Reiser, Gébé y todos los otros no tienen límites. Se burlan de todo y de todos: políticos, patrones, religiones, “horteras”, ejército, policía… En pocas palabras, de todos los poderosos.

En aquellos años, desde el exilio en Francia, los refugiados españoles siguen luchando contra la dictadura franquista de distintas maneras. Entre otras a través del arte, la literatura y la prensa. Por ejemplo con la editorial Ruedo Ibérico que edita textos prohibidos por el régimen. En los entornos antifascista, anarquista o de izquierda franceses también se expresa la solidaridad con el pueblo español y la oposición al caudillo.

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Si bien Charlie Hebdo no pertenecía a ningún bando, no dependía de ninguna organización política, con su espíritu libertario e iconoclasta era inevitable que se atacaran también a Franco. Desde los primeros números de la revista, Franco aparece frecuentemente en la portada calificado de asesino. En 1970, la portada navideña del semanario contiene la ilustración del ahorcamiento de un hombre con chapela vasca y el titular “Navidad en España”.

Los ataques se multiplicaron en 1975, cuando se avecinaba la muerte del dictador español. En agosto, Charlie Hebdo dedica su portada a los franceses que veranean en España y en el titular afirman: “Los cabrones pasan sus vacaciones en España”. Ese número lleva el precio en francos y también en escudos portugueses, pero no en pesetas. El año anterior se había producido la revolución de los claveles en Portugal y el mundo miraba expectante la situación española. Los humoristas votaban así a favor de la solución portuguesa mientras incrementaban su crítica a España.

Wolinski, uno de los dibujantes asesinados el año pasado, fue el autor de la portada con la que Charlie Hebdo contestó a los últimos fusilamientos de Franco. Fue el 27 de septiembre de 1975 cuando tres militantes del FRAP y dos de ETA fueron ejecutados. El ejemplar de la siguiente semana aparecía con unos órganos genitales masculinos con el titular “El tatuaje de moda”. En el pene aparecía el nombre de Franco y en los testículos la palabra asesino.

La larga agonía del dictador fue motivo de broma en muchas ocasiones, como cuando afirmaban que Franco se encontraba mejor, que podría llegar al cementerio por su propio pie. Una semana después de la muerte de Franco, el semanario hizo un llamamiento internacional para asistir a la coronación como rey de España del príncipe Juan Carlos de Borbón. Los llamados eran los gilipollas, los podridos, los tiranos, los torturadores, los dictadores, los cabrones. Los humoristas acertaron en su convocatoria, pues entre los asistentes estuvieron Augusto Pinochet, Imelda Marcos, Rainiero de Mónaco o Hussein de Jordania.

Charlie Hebdo fue punta de lanza en la crítica de la sociedad francesa a la dictadura española, una causa que fue muy popular en las democracias europeas y también entre los sectores progresistas de los Estados Unidos. Pero en Francia se ha dado especialmente la sintonía con los sectores progresistas de España. La República francesa fue inspiración para los republicanos españoles, como los editores y periodistas de Haraldo de Madrid. Manuel Busquets, el editor del Heraldo, estudió en Francia y se casó con una ciudadana de Perpignan. Tanto él como el director del Heraldo, Manuel Fontdevila, recibieron la Legión de Honor francesa durante los años de la República española. Francia fue también el mayor receptor de exiliados republicanos. A pesar de la pésima recepción inicial de los exiliados en las playas desnudas de Argelers, el tiempo consolidó la implicación en la vida francesa del medio millón de personas que permanecieron en el país vecino y, para muchos, hermano mayor.

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