Artículo histórico

En el gran plebistico de ayer España votó por la República

Ocho años después

En casi todas las capitales de provincia y en gran cantidad de pueblos los candidatos republicanosocialistas triunfaron plenamente

La tremenda lección…

Se puede asegurar que por primera vez el pueblo español ha ejercitado el derecho constitucional del sufragio; que por primera vez ha tenido efectividad en casi toda España esta conquista de la democracia.

Esta vez sí. Esta vez los electores españoles se han aprestado a cumplir con esta obligación ciudadana de una forma espontánea y con un espíritu de independencia que ha sorprendido a los mismos favorecidos por el voto popular. La realidad ha superado a todos los cálculos y a todas las previsiones, aún las del optimismo más exaltado.

No podrán alegar los que han venido negando sistemáticamente    que en España existía una formidable opinión republicana que hubo abstenciones en esta manifestación del sentimiento del país. Las cifras demuestran de manera indudable que en estas elecciones –habida cuenta que hay un 20 por ciento de ausentes, ignorados y fallecidos- ha votado la totalidad del censo. Se puede, pues, conceder a esta experiencia electoral el carácter plebiscitario que desde su anuncio le adjudicaron las izquierdas. Se le puede y se le debe conceder que más del 80 por ciento de los ciudadanos españoles legalmente capacitados para opinar se han pronunciado por la forma de gobierno republicana.

Tiene, además, el resultado de estas elecciones otra significación tan clara como sorprendente. Han demostrado que en regiones dominadas desde siempre por una fuerza caciquil que se creía invencible, se despierta con vigor insospechado una conciencia de los derechos y virtudes ciudadanas, un anhelo de reivindicación, un ansia de dignificarse y libertarse…

Así se ha dado el caso que Orense, feudo de Bugallal; Guadalajara, feudo de Romanones; Murcia, feudo de La Cierva; Toledo, Soria, etc hayan sorprendido al resto de España con su actitud viril de independencia, sacudiéndose el yugo secular y proporcionando una derrota “a domicilio” a los más genuinos representantes del más genuino caciquismo español.

El peligro comunista. He aquí que, por como cuando se hace miedo a los niños, el fantasma ha dejado caer el sudario y ha descubierto que debajo no había nada sobrenatural. El resultado de estas elecciones prueba que esa amenaza comunista, base de toda la propaganda ultramontana, no es un problema efectivo. Hoy por hoy –las elecciones municipales han confirmado que el ”brevet” soviético- el comunismo no constituye un peligro para la España conservadora.

El resultado de las elecciones municipales en Barcelona también tiene una significación clara y que quizá haya sorprendido a los que se obstinan en ver la realidad a través de los cristales de su deseo o de su conveniencia.

Barcelona ha recusado francamente al Sr. Cambó, tránsfuga de las ideas que le encumbraron, y ha premiado la virtud de la consecuencia y de la lealtad política, simbolizadas por el señor Maciá, llevando al municipio barcelonés a 25 representantes del “Estado Catalán”, del que es alma y verbo el viejo ex coronel.

También representa el resultado de estas elecciones un triunfo franco del antidinastismo. Son 38 concejales antidinásticos lo que ha elegido el cuerpo electoral de Barcelona, porque los 25 concejales de Maciá lo son. Buena prueba de ello es –aparte de las relaciones ostensibles mantenidas por Maciá con elementos societarios izquierdistas- que apenas conocido el escrutinio, el líder del catalanismo se ha apresurado a felicitar al jefe de la derecha republicana, D. Niceto Alcalá Zamora.

La Lliga, con sus 12 concejales junto a los 38 antidinásticos, dice con elocuencia cuál es el estado de opinión en Barcelona. La ciudad condal le ha retirado al Sr. Cambó la confianza.

Con el censo amañado, o mal confeccionado por impericia y apremios de tiempo, se ha conseguido el éxito de ayer. Con un censo bien hecho y concediendo el voto a esta juventud que estudia, que se afana, piensa, se interesa por el porvenir de su país y es apaleada por la fuerza pública, habría que duplicar la capacidad de las urnas para que pudieran contener los sufragios republicanos.

¿Y los concejales republicanos elegidos en esos pueblos donde jamás los hubo? Los que sepan como es la vida en esos pueblos sabrán qué cantidad de fervor republicano y de heroísmo cívico es preciso para ser candidato y para ser elector contra la voluntad de un cacique. Estos éxitos rurales son quizá la experiencia más interesante que nos han ofrecido estas elecciones municipales.

Heraldo de Madrid, 13 de abril de 1931

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