Artículo histórico

La humillación del gobernador civil franquista a un periodista crítico

A la opinión barcelonesa

En el diario Solidaridad Nacional del viernes, 17 de julio corriente, se inserta en su última página una nota periodística recuadrada que se titula El dominguillo burlón y Las casas de papel, firmado por Héctor, que es el seudónimo que emplea el periodista don Luis Marsillach, y cuyo texto se reproduce textualmente:

“Las familias que vivían en barracas, por los temporales o que el Ayuntamiento, por razones de higiene y seguridad, mandó derribar, fueron instaladas provisionalmente en distintos lugares y, poco a poco se les ha ido proporcionando vivienda a todos, por lo menos a las que se lo merecían, que no todo era trigo limpio.

Esto está muy bien, es muy meritorio y la ciudad lo agradece. Pero nunca salen las cosas como debería ser. Siempre se interpone alguien que, por codicia o torpeza, reduce considerablemente la bondad de los efectos que se perseguían. Nunca falta un caballero que entiende que es él quien mayor provecho ha de sacar de la beneficencia.

Según mis informes, las viviendas que para los ex barraqueros se han construido en la barriada de Verdún, dejan bastante que desear. Son casas tan endebles que, recién inauguradas, a duras penas han podido resistir el primer temporal de lluvia. Las casas son de tres pisos, y, en muchas penetró el agua en el más alto, por lo que hubo que acudir apresuradamente a reparar el daño. Si empezamos así, las reparaciones van a costar más que la construcción. Será un gasto continuo y para no tener nunca nada un poco seguro. Sale más a cuenta hacer las cosas bien; el deber se cumple mejor y, a la larga, se ahorran dinero y preocupaciones.

Estoy convencido de que el Ayuntamiento opina lo mismo. Y esta convicción me hace esperar que, en lo sucesivo, se tomarán medidas en evitación de que la beneficencia no se ejerza sólo para lucro personal del contratista.

Y otra cosa: Celebraría que se me pudiese demostrar que estoy mal informado. – HECTOR.”

Al llegar de Madrid y leer los periódicos de la mañana, me quedé sorprendido con esta extraña publicación, que no sólo emite juicios despectivos, sino conceptos positivamente injuriosos, que por mucho que se intente desvirtuar, con la conocida maniobra generalizadora, proyecta su concreción sobre el Gobierno Civil y la autoridad de su titular, ya que es bien público y notorio -a pesar de que no se ha hecho una gran propaganda- que por iniciativa y dedicación mía, asistido de la benemérita y entusiasta, cooperación de la Junta Pro Viviendas, se han construido en ocho meses, y por el precio inverosímil de 15.700 pesetas cada vivienda, 951, constituyendo una barriada de seis mil personas, que hoy está integrada por barraquistas y realquilados, que pagan sesenta, ochenta y cien pesetas mensuales y viven con un ordenamiento digno y una disciplina de respeto y libertad, con tiendas, locutorio, dispensario y levaderos, sin lujos, modesta, pero alegremente, y dentro de las escasas posibilidades que han hecho fecunda esta obra, debida, únicamente a la protección de Dios Nuestro Señor.

La sorpresa sufrida no obedece a la exposición de opiniones personales que, aunque podrían ser injustas, dadas las circunstancias excepciones que la construcción de estas viviendas revisten, serían, en todo caso, respetables, sino a la falsedad de los hechos que dejan sentados, en relación con el último temporal de lluvias, que si es cierto que produjo entrada de agua en algunos pisos y goteras y manchas, ni produjo daños que hubieran de ser reparados, ni reflejó otra cosa que la natural en viviendas modestas que sufren trastornos ante un vendaval que para como ha quedado perfectamente comprobado. De lo que se deriva para llegar a la calificación tendenciosa y espectacular de unas casas de papel y, sobre todo, para concluir con las afirmaciones calumniosas contenidas en los párrafos siguientes:

“Nunca falta un caballero que entienda que es él quien mayor provecho ha de sacar de la beneficencia” y “esta convicción me hace esperar que, en lo sucesivo, se tomarán medidas en evitación de que la Beneficencia no se ejerza sólo para el lucro personal del contratista.”

Por ello, y ante la Junta de Viviendas, constituida bajo mi presidencia, e integrada por los señores Sanz Catalán, delegado provincial de Sindicatos; Holgueras, subdelegado provincial de Abastecimientos y Transportes; de la Cuadra, jefe del Servicio de Evacuación y Construcciones de este Gobierno Civil; Casas, delegado gubernativo de Protección Social, y Postils, miembro de la Junta pro Hospitales, reunida en sesión extraordinario en mi despecho del Gobierno Civil, cité a don Luis Marsillach, el que, requerido para que con toda tranquilidad se sirviera explicar los motivos de su nota periodística, los datos que pudiera tener y los argumentos que pudiera presentar con toda libertad y las pruebas que pudiese aportar, y todo cuanto viniera a esclarecerla o justificarla, después de confesarse como autor de la misma, no supo ni acertó a decir otra cosa que no fuera la de reconocer su insensatez y declararse rendidamente como un “estúpido” que no se daba cuenta de lo que había hecho, con lo cual, dada su edad y su experiencia profesional, aún admitiendo cuanto en su espontánea confesión declara, no parece muy desatinado albergar la suspicacia de maniobras interesadas que haya sugerido, con la táctica destructiva habitual, un ataque de semejante naturaleza.

En su vista, ha estimado que mi deber me imponía requerir al Ministerio Fiscal para que se sirva interponer la correspondiente querella, así como exponer el caso al señor delegado provincial del Ministerio de Información para que actúe todo el peso inexorable de las leyes, reservándome de todos modos el ejercicio sereno de las potestades gubernativas que acompañan a mi autoridad, y de las que no dimitiré mientras ostente el honor de ejercer aquélla.

Como puede apreciar la opinión, no trato de establecer defensa personal. Permíteseme una arrogancia que, al fin y al cabo, está acaso más justificada que la final del artículo objeto del presente escrito, cuando el señor Marsillach, después de afirmar cuanto le viene en gana, sin datos ni motivos, dice: “Celebraría se me pudiese demostrar he sido mal informado”. Peregrina e inaudita arrogancia que me mueve a reclamar yo, esta mía: Entregado a mi deber, en ningún momento gocé de tanta protección de Dios, al que le debo todo, como en esta construcción milagrosa de la barriada de Verdún, que puede verse pro todos y por todos ser examinada en sus orígenes, en su tramitación y en sus resultados.

Ni tengo ambición alguna, ni amo las vanaglorias del puesto con que se me honró. Por mi devoción al Jefe del Estado, que, como tal, lleva diecisiete años ininterrumpidos al servicio de España, porque entiendo que todos estamos obligados a rendir a la sociedad nuestro esfuerzo y porque desde el primer instante amé de verdad a Barcelona, estoy en donde estoy, sin apetencias, pero también sin desmayos. Con toda la energía que sea precisa para el desmán, sea el que fuere, y todo el amor que me impone mi conciencia de hombre que ha de morir, para los desvalidos y los humildes a quienes, siendo sano de corazón, quisiera tener las mayores posibilidades de tutelar y mejorar.

Felipe Acedo Colunga

Barcelona, 18 de julio de 1953.

 

1 reply »

  1. Este artículo podría pasar por estar escrito en la actualidad. La situación es la misma que viven muchos periodistas. Lo mismo que el caso de las viviendas para gente necesitada, casas malas y el dinero en las manos de intermediarios. ¿No será que vivimos otra vez en una Dictadura?

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